Cuando dejamos de buscar y algo aparece

A veces intentamos comprender lo que nos pasa pensando más.

Buscamos explicaciones, repasamos lo ocurrido, tratamos de encontrar una causa. Y muchas veces entender también tranquiliza.

Pero no siempre aparece una respuesta.

Entonces puede servir detenerse un momento.

Notar qué está vivo ahora.

Tal vez una emoción, una presión en el pecho, una incomodidad en el estómago, una imagen o una inquietud difícil de explicar.

No hace falta entenderla enseguida.

Solo permanecer un poco con ella.

¿Dónde se siente?

¿Cómo es?

¿Qué ocurre si, por unos instantes, no se intenta cambiar nada?

Quedarse ahí un momento.

Sin buscar una respuesta.

Sin tratar de imaginar nada.

Simplemente prestar atención.

A veces, después de un rato, algo empieza a aparecer por sí solo.

Una imagen.

Una frase.

Un recuerdo.

Una persona.

Un lugar.

Una sensación diferente.

Y a veces no aparece nada.

También está bien.

Puede ayudar cerrar los ojos, aflojar un poco el cuerpo y dejar que la atención se vuelva más tranquila.

Sin dormirse.

Sin desconectarse del lugar en el que se está.

Solo disminuyendo un poco el esfuerzo por controlar lo que debería suceder.

Y si algo aparece, quizá no sea necesario preguntarse enseguida qué significa.

Se puede permanecer un momento más ahí.

¿Qué se nota?

¿Qué se siente al estar con eso?

¿Hay algo más que quiera mostrarse?

Tal vez sí.

Tal vez no.

A veces basta con hacer suficiente silencio para permitir que algo nos encuentre.

Deja una respuesta