¿Qué sientes por esa parte? Una pregunta para saber desde dónde nos relacionamos

En Internal Family Systems (IFS) llamamos partes a esas distintas formas de sentir, pensar y actuar que pueden aparecer dentro de nosotros: una parte crítica, una parte temerosa, una parte que intenta controlar, una parte que necesita agradar, una parte que se siente sola.

Cuando comenzamos a conocer una de ellas, no alcanza con saber cómo es o qué siente. También importa descubrir qué nos pasa a nosotros frente a ella.

¿Sentimos curiosidad? ¿Nos irrita? ¿Nos da miedo? ¿Queremos que cambie o desaparezca? ¿Nos despierta ternura o compasión?

Para explorar justamente esa relación, en IFS aparece una pregunta una y otra vez:

How do you feel toward that part?

Es una pregunta breve, aparentemente sencilla, pero cumple una función muy importante dentro del proceso: nos ayuda a reconocer cómo nos estamos relacionando con una parte y si podemos acercarnos a ella desde nuestros mejores recursos.

¿Cómo traducirla al castellano?

Una traducción bastante habitual de How do you feel toward that part? es:

«¿Cómo te sientes hacia esa parte?»

La frase se entiende y no es incorrecta, pero en castellano no resulta especialmente natural.

Solemos utilizar «¿Cómo te sientes?» para preguntar por el estado de una persona:

«¿Cómo te sientes hoy?»

«¿Cómo te sientes después de hablar de esto?»

Cuando queremos preguntar por un sentimiento dirigido hacia alguien, en cambio, resulta mucho más habitual decir:

«¿Qué sientes por esa persona?»

Por eso, frente a una parte, una formulación que puede resultar más espontánea es:

«¿Qué sientes por esa parte?»

También podemos utilizar otras variantes:

«¿Qué sientes hacia esa parte?»

«¿Cómo te sientes con esa parte?»

«¿Qué sientes respecto a esa parte?»

«¿Cómo te sientes con respecto a esa parte?»

Y, en una conversación más espontánea:

«¿Qué te pasa con esa parte?»

«¿Qué te genera esa parte?»

«¿Cómo reaccionas ante esa parte?»

O incluso:

«¿Cómo te cae esa parte?»

No todas estas preguntas son exactamente equivalentes, pero pueden ayudarnos a acercarnos a algo fundamental: la relación que estamos teniendo con esa parte.

La pregunta explora una relación

Imaginemos que hemos encontrado una parte muy crítica.

Podemos describirla, reconocer dónde la sentimos en el cuerpo o escuchar lo que tiene para decir. Pero antes de acercarnos más conviene saber qué sucede dentro de nosotros cuando la observamos.

Tal vez aparezca curiosidad.

Tal vez sintamos apertura, calma, interés genuino, respeto o compasión.

En ese caso, probablemente contemos con buenas condiciones para seguir conociéndola y escuchar lo que necesita mostrarnos.

Pero también puede aparecer algo muy diferente:

«Quiero que desaparezca.»

«Estoy cansado de ella.»

«Me da vergüenza.»

«No la soporto.»

«Me parece ridícula.»

«Me da miedo.»

Estas respuestas también son muy valiosas.

Pueden indicarnos que otra parte está reaccionando ante la parte que intentamos conocer.

Una parte puede estar enojada con otra. Puede temer lo que sucedería si esa otra parte se expresara. Puede estar agotada de convivir con ella desde hace años. Puede querer controlarla, corregirla, protegerla o hacerla desaparecer.

En ese caso, probablemente convenga atender primero esa reacción, escuchar sus preocupaciones y explorar si puede darnos algo de espacio antes de continuar.

La respuesta a esta pequeña pregunta nos orienta, entonces, acerca de cómo seguir el proceso.

Una especie de «contador Geiger»

Se ha comparado esta pregunta con una especie de «contador Geiger» de IFS.

La metáfora es sugerente porque ayuda a entender su función: detectar algo que no siempre resulta evidente al principio.

Podemos creer que estamos observando una parte con interés y descubrir, al preguntarnos qué sentimos por ella, que en realidad hay irritación, miedo, impaciencia o una fuerte necesidad de ayudarla.

La pregunta funciona así como un indicador de la relación que estamos estableciendo.

Nos ayuda a reconocer si podemos acercarnos a esa parte desde nuestros mejores recursos o si antes necesitamos escuchar algo más que está ocurriendo dentro de nosotros.

Esto importa porque una parte probablemente responda de manera diferente si la abordamos con rechazo, urgencia o juicio que si encuentra curiosidad, respeto, apertura y una disposición genuina a conocerla.

Antes de preguntarnos qué hacer con una parte, conviene saber cómo estamos con ella.

Las respuestas pueden ser ambiguas

No todas las respuestas son fáciles de interpretar.

«Me resulta tierna», por ejemplo, puede expresar una actitud cálida y abierta. Pero también puede ser útil permanecer un momento con esa respuesta y explorar qué hay detrás de esa ternura.

«Me da pena» resulta todavía más ambigua.

Puede haber compasión genuina, pero también lástima, preocupación, necesidad de rescatar o cierta distancia frente a la vulnerabilidad de esa parte.

Por eso conviene tratar la respuesta como información para seguir explorando, en lugar de clasificarla rápidamente.

Podemos preguntar:

«¿Cómo es esa pena?»

«¿Qué te gustaría hacer cuando la ves así?»

«¿Hay algo en ti que quisiera ayudarla, protegerla o cambiarla?»

La propia exploración irá mostrando con mayor claridad desde dónde se está produciendo esa relación.

«¿Qué notas cuando miras a esa parte?»

Otra formulación posible es:

«¿Qué notas cuando miras a esa parte?»

Es una pregunta útil, pero puede llevarnos a un lugar algo diferente.

La persona podría responder:

«Es muy pequeña.»

«Está escondida.»

«La veo oscura.»

«Parece asustada.»

«Está sola.»

En ese caso está describiendo lo que percibe de la parte, pero todavía no sabemos necesariamente qué siente por ella.

La diferencia está, en buena medida, en el verbo.

Notar abre el campo de la percepción: imágenes, sensaciones, pensamientos, características de la parte, movimientos internos.

Sentir por dirige de manera más específica la atención hacia nuestra relación con ella.

Por eso, después de preguntar «¿Qué notas cuando miras a esa parte?», puede ser útil añadir:

«Y al verla así, ¿qué sientes por ella?»

Una pregunta ayuda a percibir a la parte.

La otra ayuda a explorar nuestra relación con ella.

«¿Cómo te cae esa parte?»

Esta es una formulación muy cotidiana, pero puede funcionar extraordinariamente bien en una conversación real.

En castellano sabemos perfectamente qué significa preguntar cómo nos cae alguien.

Nos cae bien.

Nos cae mal.

Nos inspira confianza.

Nos irrita.

Nos enternece.

Nos resulta insoportable.

Por eso, en determinados momentos:

«¿Cómo te cae esa parte?»

puede revelar rápidamente la relación interna que estamos intentando conocer.

La expresión muestra algo importante: la precisión clínica no exige siempre un lenguaje técnico.

A veces una formulación cotidiana permite acceder de manera más directa a la experiencia.

Por eso quizá no sea necesario encontrar una traducción única y definitiva de How do you feel toward that part?

Lo importante es conservar la intención de la pregunta:

¿Cómo estamos, en este momento, en relación con esa parte?

También puede ayudarnos en nuestras relaciones

Esta misma exploración puede resultar útil cuando pensamos en otra persona.

Podemos preguntarnos:

«¿Qué siento por esta persona ahora mismo?»

O:

«¿Qué me pasa con ella?»

«¿Cómo me cae?»

La respuesta no necesariamente nos dirá cómo es esa persona. Pero puede mostrarnos desde qué lugar interno la estamos mirando y desde dónde vamos a relacionarnos con ella.

Tal vez descubramos enojo, temor, desconfianza, necesidad de agradar, urgencia por convencerla, deseo de defendernos o ganas de alejarnos.

Reconocer esas reacciones puede llevarnos a una pregunta muy útil:

¿Estoy en condiciones de encontrarme con esta persona desde mis mejores recursos o hay algo en mí que necesita primero ser escuchado?

Esto puede resultar especialmente valioso antes de una conversación difícil.

Se trata de reconocer lo que sentimos para que nuestras reacciones no conduzcan toda la interacción sin que nos demos cuenta.

Tal vez allí resida la verdadera importancia de esta pequeña pregunta.

Nos ayuda a descubrir desde dónde vamos a encontrarnos con una parte.

Y, algunas veces, también desde dónde vamos a encontrarnos con los demás.

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