¿Qué puede aportar IFS cuando, además del sufrimiento emocional, existe dolor, inflamación o una enfermedad física? Es un territorio donde resulta fácil pasar de una afirmación razonable a otra que ya no está suficientemente respaldada. Este artículo revisa qué propone el modelo clínico, qué muestra la investigación sobre adversidad y salud, y hasta dónde llega hoy la evidencia específica sobre IFS.
Existe evidencia de asociaciones entre experiencias adversas, estrés sostenido y distintos problemas de salud. La experiencia del dolor y la enfermedad también puede movilizar miedo, impotencia, enojo, formas de protección y conflictos internos.
Pero esto no permite concluir que una enfermedad determinada haya sido causada por un trauma concreto ni que trabajar psicológicamente ese trauma vaya necesariamente a curarla.
La aplicación de IFS a la salud física desarrollada por Nancy Sowell resulta interesante precisamente porque permite explorar ese territorio. Y merece ser examinada distinguiendo con cuidado el modelo clínico, las hipótesis que formula y la evidencia disponible.
En septiembre de 2026 esa aplicación llegó a formato de manual con la publicación de IFS (Internal Family Systems) Health Therapy: Treating Trauma-Related Physical Illness & Toxic Stress, de Nancy Sowell, con Martha Sweezy y Richard Schwartz. Su contenido se desarrolla en la reseña complementaria IFS Health Therapy: el cuerpo y el cuidado en la enfermedad física (próximamente en Ser Libre). Aquí interesa otra pregunta: qué respaldo tiene hoy lo que se afirma en este campo.
Una propuesta nueva que tiene una historia bastante más larga
La aplicación de IFS a la salud física desarrollada por Nancy Sowell puede rastrearse públicamente al menos hasta 2013.
Ese año publicó el capítulo 8, The Internal Family System and Adult Health: Changing the Course of Chronic Illness, dentro de Internal Family Systems Therapy: New Dimensions, volumen editado por Martha Sweezy y Ellen L. Ziskind.
Sowell relata allí que comenzó a aplicar IFS a sus propios síntomas durante una reagudización de una enfermedad autoinmune. Esa experiencia la llevó a explorar los conflictos internos que participaban en su experiencia de estrés. Capítulo de Sowell, 2013.
La pregunta se vuelve más precisa: ¿cómo se organiza internamente ese estrés y qué partes participan en esa organización?
Recomendar una reducción del estrés aporta poco si una parte considera peligroso detenerse, otra entiende el descanso como fracaso, otra teme decepcionar a los demás y otra lleva años ignorando el cansancio para poder seguir funcionando.
Desde IFS, la exploración se vuelve más concreta: ¿qué ocurre internamente cuando aparece la posibilidad de cuidarse?
El mapa que propone Sowell
Al retomar en una entrevista de 2020 el marco presentado en su capítulo de 2013, aparecen cinco posibilidades a explorar: partes que pueden desencadenar o exacerbar síntomas, partes que contribuyen a mantenerlos, partes que parecen saber algo acerca de mejorar, partes que temen mejorar o recuperar la salud y partes que expresan un deseo de morir.
El valor de esta formulación depende de una distinción esencial: son posibilidades que se investigan, no respuestas que deban imponerse de antemano.
Preguntar si existe una parte relacionada con determinado síntoma es muy diferente de informar a una persona que una parte está causando su enfermedad.
Sowell también plantea la hipótesis clínica de que, en algunos casos, determinados síntomas pueden adquirir una función dentro de una polarización interna. Estas ideas se desarrollan en la entrevista Adult Health with Nancy Sowell, de IFS Talks.
Una polarización muy concreta
Uno de los ejemplos procede del trabajo con personas con artritis reumatoide.
En un extremo puede encontrarse una parte manager de estilo estoico, organizada alrededor de seguir adelante, atravesar el dolor, trabajar, cumplir y atender las necesidades de los demás.
En otro puede aparecer una parte agotada, resentida o que reclama autocuidado.
Desde la lectura de Sowell, algunos síntomas pueden adquirir una función dentro de esa polarización: frenar al sistema cuando la parte estoica continúa avanzando a pesar de otras señales.
Esta es una hipótesis característica de IFS y, al mismo tiempo, una de las zonas donde resulta especialmente importante distinguir niveles.
Interpretar subjetivamente un síntoma como parte de una dinámica interna puede tener valor clínico. Eso no demuestra que ese mecanismo explique médicamente la aparición de una enfermedad.
Ambas cosas pueden mantenerse separadas.
¿Qué se hizo realmente en el estudio de artritis reumatoide?
El ensayo de 2013 puede quedar simplificado si se dice solamente que los participantes «recibieron IFS». La intervención fue considerablemente más intensa.
El grupo experimental recibió 15 sesiones individuales de 50 minutos y 12 reuniones grupales durante 36 semanas. Las reuniones grupales estuvieron dirigidas por Sowell y las sesiones individuales fueron realizadas por nueve terapeutas con formación avanzada en IFS.
El estudio incluyó 79 participantes: 39 asignados a IFS y 40 al grupo control (Shadick et al., 2013).
Las doce reuniones grupales abordaron, en términos resumidos, estos contenidos:
| Sesión | Tema principal |
|---|---|
| 1 | La experiencia con la artritis desde el lenguaje de partes |
| 2 | Self como recurso interno y sus cualidades |
| 3 | Artritis reumatoide y partes protectoras |
| 4 | Artritis reumatoide y partes vulnerables |
| 5 | La relación entre Self, partes y enfermedad |
| 6 | Lo que puede resultar amenazante de la autocompasión al vivir con artritis |
| 7 | Salir del miedo y explorar el liderazgo de Self |
| 8 | Identificar conflictos internos y acercarse con calma, compasión y curiosidad |
| 9 | Escuchar al cuerpo y a las partes: qué se necesita |
| 10 | Estar con los estados emocionales y no dentro de ellos; hablar por las partes y no desde las partes |
| 11 | Necesidades vitales, autocuidado y salud |
| 12 | Cierre e integración del recorrido |
La formulación de la sesión 10 resulta especialmente significativa dentro de IFS: el objetivo es modificar la relación con los estados emocionales y favorecer suficiente distancia interna como para poder hablar por una parte sin quedar hablando desde ella.
El programa trabajó además fatiga, discapacidad, aislamiento asociado a la enfermedad, deformidad y reacciones emocionales relacionadas con el dolor.
Por lo tanto, lo evaluado fue un programa psicoterapéutico intensivo de nueve meses, con componentes individuales y grupales, específicamente adaptado a personas con artritis reumatoide.
Esto también dificulta atribuir los resultados a un mecanismo específico de IFS: el programa reunía numerosos componentes y una cantidad considerable de contacto terapéutico.
Trauma, adversidad y salud: ¿qué sabemos realmente?
La posible relación entre adversidad y salud física no surge de IFS. Existe una literatura mucho más amplia dedicada a estudiar estas asociaciones.
Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en BMC Medicine en 2024 identificó 25 estudios con 372.162 participantes. Ocho estudios, con 197.981 participantes, aportaron datos para el análisis dosis-respuesta.
Cada experiencia adversa infantil adicional se asoció con un incremento del 12,9 % en las odds de multimorbilidad —la relación entre la probabilidad de presentar varias condiciones crónicas y la de no presentarlas—, con un intervalo de confianza del 95 % de 7,9 % a 17,9 %. Ese porcentaje no equivale directamente a un aumento del 12,9 % en la probabilidad de presentar multimorbilidad. La heterogeneidad entre los estudios fue considerable: I² = 76,9 %. Senaratne et al., 2024.
Otro metaanálisis, publicado en 2023, identificó 85 estudios con 826.452 adultos; 57 fueron incluidos en los metaanálisis.
La exposición a experiencias adversas durante la infancia se asoció con una mayor probabilidad de informar dolor crónico en la adultez. Los odds ratios ajustados fueron de 1,29 con una experiencia adversa y de 1,95 con cuatro o más. Bussières et al., 2023.
Son resultados relevantes. Pero la palabra central sigue siendo asociación.
Estos estudios no permiten observar retrospectivamente una enfermedad concreta y establecer cuál fue su causa.
En la salud intervienen factores genéticos, inmunológicos, infecciosos, metabólicos, conductuales, ambientales, sociales y económicos, entre muchos otros.
Existe, por tanto, una distancia importante entre afirmar:
«La adversidad y el estrés crónico se asocian con un mayor riesgo de determinados problemas de salud».
Y afirmar:
«Esta enfermedad fue causada por un trauma».
La evidencia disponible respalda mucho mejor la primera afirmación que la segunda.
Esa distancia conviene tenerla presente incluso al leer el subtítulo del nuevo manual, Treating Trauma-Related Physical Illness & Toxic Stress. La expresión «enfermedad física relacionada con el trauma» puede tener sentido en determinados contextos clínicos o de investigación. No debería convertirse automáticamente en una explicación causal individual.
¿Qué encontró realmente el ensayo de IFS en artritis reumatoide?
En 2013, Nancy Shadick, Nancy Sowell y otros investigadores publicaron en The Journal of Rheumatology el ensayo aleatorizado de prueba de concepto mencionado anteriormente.
Los reumatólogos que evaluaron la actividad de la enfermedad desconocían a qué condición pertenecía cada participante.
El estudio utilizó, entre otras medidas, dolor articular autoinformado, funcionamiento físico, dolor general, síntomas psicológicos y el DAS28-CRP4 para evaluar actividad de la artritis.
Al finalizar los nueve meses, aparecieron diferencias favorables al grupo IFS en dolor general, función física, dolor articular autoinformado y autocompasión.
En el dolor articular medido mediante RADAI, la diferencia entre grupos fue de −0,9 (p = 0,01), y en autocompasión de +1,6 (p = 0,03).
Un año después de finalizar la intervención se mantenían diferencias favorables en dolor articular autoinformado, autocompasión y síntomas depresivos.
No se encontraron mejoras sostenidas en ansiedad, autoeficacia ni actividad de la enfermedad. Shadick et al., 2013.
Hasta aquí, los resultados son interesantes. Pero el mismo estudio ofrece buenas razones para leerlos con cautela.
Las limitaciones también son parte del resultado
El grupo control fue deliberadamente un control de atención mínima. Recibió una reunión inicial, materiales educativos sobre artritis y seguimiento.
El grupo IFS recibió, en cambio, 15 sesiones individuales y 12 encuentros grupales.
Los propios investigadores señalan que esa diferencia en tiempo, contacto terapéutico y experiencia grupal podía contribuir a los efectos encontrados, independientemente de los componentes específicos de IFS.
También hubo mayor abandono en el grupo IFS.
En un análisis de sensibilidad especialmente conservador, al sustituir por los valores basales los datos de quienes abandonaron, el efecto sobre dolor general dejó de alcanzar significación estadística: p = 0,06.
La aleatorización tampoco produjo dos grupos completamente equivalentes al inicio. El grupo IFS comenzó con mayor actividad de la enfermedad y menor autoeficacia. Los investigadores ajustaron estadísticamente estas diferencias, pero reconocieron que una parte de la mejoría en esas variables podía responder a regresión hacia la media.
Además, el estudio estaba diseñado para detectar un efecto relativamente grande. Con una muestra pequeña y participantes cuya enfermedad se encontraba en muchos casos controlada mediante tratamientos médicos modernos, podían pasar inadvertidos efectos menores sobre la actividad de la artritis.
En cuanto a la fidelidad de la intervención, los terapeutas documentaban el trabajo realizado y mantenían reuniones mensuales para sostener el protocolo. Sin embargo, las sesiones no fueron grabadas, lo que impedía una evaluación independiente más rigurosa de la fidelidad y de los componentes específicos responsables de los resultados.
Finalmente, la muestra tenía una diversidad limitada: la edad media era cercana a 58 años, aproximadamente el 90 % eran mujeres y el 93 % personas blancas.
Estas limitaciones no vuelven inútil el estudio. Lo colocan en su lugar adecuado: un ensayo pequeño de prueba de concepto, con resultados que justificaban continuar investigando, pero no una demostración definitiva de eficacia.
Sanar y curar: una distinción que Sowell ya hace
Distinguir entre sanar y curar forma parte de la propia propuesta de Sowell.
En la entrevista de 2020 sostiene que puede existir un proceso de sanación aun cuando una enfermedad no vaya a curarse. La sanación aparece vinculada a cambios en la relación entre Self y partes, menor identificación con las cargas y mayor presencia de calma, compasión y esperanza.
También deja claro que una cura no puede garantizarse.
Al mismo tiempo, Sowell relaciona su propia experiencia de desaparición de síntomas de artritis psoriásica con el proceso interno realizado. Se trata de su interpretación de una experiencia personal, no de evidencia que permita establecer que el trabajo con partes haya producido ese cambio físico. Entrevista en IFS Talks, 2020.
Esto permite mantener simultáneamente dos posiciones: la cautela forma parte del enfoque, y las hipótesis sobre modificaciones de procesos físicos de enfermedad necesitan un nivel de evidencia superior al disponible actualmente.
Lo clínicamente interesante y lo que cuenta hoy con respaldo empírico suficiente no son todavía la misma cosa.
Aliviar sufrimiento y modificar una enfermedad tampoco son sinónimos
El ensayo de artritis permite observar esta diferencia con bastante claridad.
Una reducción del dolor, una mejoría funcional, menos síntomas depresivos o una relación más compasiva con la propia experiencia constituyen resultados clínicamente importantes.
No implican necesariamente una modificación equivalente de la actividad biológica o clínica de la enfermedad.
Esto no vuelve secundarios esos cambios.
El dolor es una experiencia compleja en la que participan procesos fisiológicos, cognitivos, emocionales y sociales. El miedo, el sueño, las conductas y las relaciones pueden influir en la manera en que una enfermedad es experimentada.
El valor de esas transformaciones puede reconocerse nombrándolas con precisión.
IFS también reconoce el riesgo de culpabilización
Richard Schwartz ha señalado que muchas personas enfermas reciben mensajes culpabilizantes de su entorno, de profesionales o de sus propias partes internas.
Sowell plantea, por su parte, que cuanto más profundamente se escuchan las partes, menos aparece alguien a quien culpar y más aparecen intentos de protección. Ambas posiciones se recogen en la entrevista de IFS Talks.
Por lo tanto, una aplicación cuidadosa de IFS no debería conducir a:
«Si existe enfermedad es porque el trauma no ha sido sanado».
Ni a:
«Si la enfermedad continúa es porque alguna parte no quiere mejorar».
El problema aparece cuando una formulación clínica exploratoria se transforma en una explicación causal cerrada.
Decir que una parte puede estar relacionada con un síntoma no equivale a afirmar que la mente haya creado la enfermedad.
No todo síntoma necesita una explicación psicológica
Conviene mantener siempre abierta otra posibilidad: un síntoma puede no estar cumpliendo ninguna función psicológica identificable.
Una enfermedad puede simplemente producir dolor.
IFS todavía puede ofrecer un marco de acompañamiento: acercarse a la parte aterrorizada por un diagnóstico, a la que está furiosa porque la vida cambió, a la que continúa funcionando como si nada ocurriera, a la que desconfía de los tratamientos, a la que se avergüenza de necesitar ayuda o a la que está agotada después de años de enfermedad.
Nada de esto requiere demostrar que esas partes produjeron el síntoma.
El valor de acompañar ese mundo interno no depende exclusivamente de que se modifique un marcador biológico.
Trabajar junto a la medicina
Esta complementariedad aparece también dentro de la propuesta del nuevo manual.
IFS no proporciona un diagnóstico médico. No sustituye estudios, medicación, cirugía, fisioterapia ni otros tratamientos sanitarios indicados.
Una modificación subjetiva de los síntomas tampoco permite concluir por sí sola que una enfermedad haya desaparecido.
La atención puede organizarse alrededor de una pregunta que permita reconocer el aporte de cada disciplina:
¿Qué dimensiones de esta experiencia pueden ser atendidas desde cada ámbito de cuidado?
¿Dónde se encuentra hoy la investigación sobre IFS?
El contexto general de evidencia del modelo también importa.
En 2025, Megan Buys publicó en Clinical Psychologist una revisión de alcance de la investigación revisada por pares sobre IFS correspondiente al período 2000-2024.
Veintisiete estudios cumplieron los criterios: 17 estudios de caso, cinco cuasiexperimentales, tres cualitativos exploratorios y solamente dos ensayos controlados aleatorizados.
La revisión encontró resultados prometedores en distintas áreas, pero concluyó que el cuerpo de evidencia continuaba siendo limitado y que eran necesarios más estudios controlados y comparativos. Buys, 2025.
Desde entonces se añadió al menos otro ensayo aleatorizado relevante. El 29 de enero de 2026 se publicó el ensayo de PARTS, un programa grupal online basado en IFS para el trastorno de estrés postraumático.
Sesenta participantes fueron asignados a PARTS o al control activo Nature-Based Stress Reduction for Trauma Survivors, 30 en cada condición.
Ambos grupos recibieron 16 sesiones grupales semanales y ocho encuentros individuales quincenales.
PARTS mostró mayor asistencia a los encuentros grupales y mayor satisfacción. Ambos grupos redujeron significativamente los síntomas de estrés postraumático medidos mediante CAPS-5, sin diferencias estadísticamente significativas entre ellos.
El ensayo está registrado en ClinicalTrials.gov como NCT05095428. Joss et al., 2026.
El resultado no significa que PARTS «no funcione». Significa que ese ensayo no mostró que PARTS fuera superior al control activo con el que se comparó. Tampoco demuestra que ambos tratamientos sean equivalentes.
Además, se trata de un estudio sobre estrés postraumático: sus resultados no establecen eficacia sobre enfermedades físicas.
Cuatro distinciones que conviene conservar
1. Asociación no significa causalidad.
Que adversidad o estrés estén estadísticamente asociados con determinados problemas de salud no permite afirmar que expliquen una enfermedad concreta.
2. Mejorar síntomas no equivale necesariamente a modificar la enfermedad.
Menos dolor, mejor funcionamiento o mayor bienestar son resultados importantes aunque los indicadores de actividad de una enfermedad permanezcan sin cambios.
3. Explorar una relación entre partes y síntomas no demuestra que las partes hayan causado esos síntomas.
Una formulación IFS puede resultar clínicamente útil sin convertirse en una explicación del origen de la enfermedad.
4. IFS puede complementar la atención sanitaria sin sustituirla.
Esta complementariedad delimita responsablemente aquello para lo que puede utilizarse.
Tal vez la pregunta sea otra
El aporte más sólido de IFS en este campo puede encontrarse en su manera de acercarse a la experiencia interna de estar enfermo.
Ante una conducta que dificulta el cuidado, permite explorar qué intenta resolver. Ante la imposibilidad de descansar, permite conocer qué teme la parte que no puede detenerse. Ante el miedo a un tratamiento, ofrece un espacio para comprender su historia.
También permite escuchar el enojo, el cansancio o la sensación de traición que pueden aparecer frente al propio cuerpo, antes de convertir la aceptación corporal en una nueva exigencia.
Cuando existen experiencias traumáticas todavía activas, propone acercarse a ellas respetando el sistema protector que se organizó alrededor de ese sufrimiento.
Nada de esto exige afirmar que IFS cura una enfermedad física.
La exploración puede comenzar con una pregunta cuidadosa:
«¿Qué está ocurriendo internamente mientras el cuerpo atraviesa esta experiencia?»
Pueden aparecer protectores agotados, conflictos internos, partes asustadas, necesidades postergadas o heridas antiguas que necesitan atención.
Puede aparecer alguna relación significativa entre el mundo interno y determinados síntomas.
O puede no haber nada que explicar psicológicamente. También esa posibilidad merece ser respetada.
Nancy Sowell lleva más de una década desarrollando públicamente esta aplicación. El modelo ofrece hipótesis clínicamente interesantes y existen algunos resultados empíricos que justifican continuar investigando.
La evidencia disponible todavía no permite afirmar que trabajar con partes cure enfermedades físicas ni que el trauma explique una enfermedad individual.
Una contribución valiosa de este enfoque puede encontrarse en un propósito más cercano a la experiencia cotidiana: que atravesar una enfermedad no implique tener que luchar, además, contra el propio mundo interno.
Referencias
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