Cuando hablamos de trauma transgeneracional, solemos mirar hacia aquello que se transmite de una generación a otra en forma de dolor: miedos, creencias, mandatos, formas de relacionarse o estrategias de supervivencia que comenzaron mucho antes de nosotros.
En Internal Family Systems, Richard Schwartz llamó Cargas de Legado a aquellas cargas que algunas partes llevan y cuyo origen no se encuentra únicamente en la experiencia personal, sino también en acontecimientos y condiciones transmitidos a través de generaciones. En el prólogo de Listening When Parts Speak, Schwartz explica que comenzó a reconocer este fenómeno al encontrar cargas que no parecían provenir de experiencias vividas directamente por sus clientes.
Esta perspectiva permite formular una pregunta importante:
¿Qué estoy cargando que no comenzó conmigo?
Pero el trabajo de Tamala Floyd añade otra pregunta igualmente interesante:
¿Qué recursos, capacidades y formas de sabiduría llegaron hasta mí y tampoco comenzaron conmigo?
No todo lo que recibimos del linaje es una carga
En Listening When Parts Speak, Floyd integra el modelo IFS con prácticas de sanación del linaje ancestral.
Cuando relata cómo comenzó su propia exploración, explica que no buscaba solamente sanar trauma generacional. También quería recibir los recursos intergeneracionales de sus líneas ancestrales y recuperar formas de sabiduría que podían haber quedado alejadas o perdidas con el paso de las generaciones.
Aquí aparece una idea que puede pasar inadvertida cuando hablamos de trauma transgeneracional:
el linaje no transmite solamente heridas.
También puede transmitir maneras de cuidar, conocimientos, creatividad, capacidad de adaptación, tradiciones, sentido comunitario, habilidades, valores y formas de responder ante la adversidad.
Floyd desarrolla estas posibilidades bajo el concepto de ancestral heirlooms, que podemos traducir como Herencias Ancestrales.
La palabra inglesa heirloom suele utilizarse para referirse a algo valioso que una familia conserva y transmite de generación en generación. En el trabajo que presenta Floyd, esas herencias no son necesariamente objetos: pueden ser cualidades, conocimientos o recursos pertenecientes a una línea familiar.
Es importante hacer aquí una precisión. El término heirlooms no fue creado por Floyd. En el prólogo del libro, Schwartz cuenta que él y otros terapeutas comenzaron a llamar así a ciertas cualidades valiosas que aparecían en el trabajo con ancestros. Floyd toma esta dimensión y la desarrolla ampliamente dentro de su integración entre IFS y sabiduría ancestral.
¿Qué puede ser una Herencia Ancestral?
Los ejemplos que ofrece Floyd ayudan a comprender que no estamos hablando simplemente de “pensamiento positivo” aplicado al árbol familiar.
En su trabajo con personas negras identifica, entre otras herencias, la lealtad familiar, una concepción de familia que puede extenderse más allá de los vínculos sanguíneos, las tradiciones y celebraciones familiares, el sentido común, el instinto de supervivencia, la innovación y conocimientos tradicionales de sanación.
Al explorar su propia línea materna, Floyd describe como dones de ese linaje la paz, la sabiduría, el uso artístico de las manos y una manera de vivir con menos complicaciones.
Los ejemplos son particulares de su historia y de las comunidades con las que trabaja. No se trata, por tanto, de construir una lista universal de herencias.
La pregunta es otra:
¿qué capacidades desarrolló, conservó o transmitió una determinada línea familiar?
Tal vez una familia haya transmitido habilidad para crear comunidad.
Otra, una extraordinaria capacidad para resolver problemas con pocos recursos.
Otra, sensibilidad artística.
Otra, humor.
Otra, conocimientos vinculados a la tierra, la alimentación o los cuidados.
Otra, una manera particular de sostenerse mutuamente durante las crisis.
Mirar el linaje desde esta perspectiva permite empezar a reconocer una historia que puede haber quedado eclipsada cuando toda nuestra atención se dirige hacia sus heridas.
Un linaje es más que aquello que sufrió
Muchas familias atravesaron pobreza, migraciones, guerras, discriminación, pérdidas, violencia, enfermedades o circunstancias sociales extremadamente difíciles.
Es legítimo preguntarnos qué efectos pudieron dejar esas experiencias en las generaciones siguientes.
Pero si miramos solamente las consecuencias traumáticas, podemos terminar describiendo a nuestros antepasados únicamente desde aquello que les ocurrió.
Y esa no necesariamente es toda la historia.
Quienes atravesaron situaciones adversas también tuvieron que encontrar formas de continuar.
Crearon vínculos.
Criaron hijos.
Organizaron comunidades.
Desarrollaron oficios.
Improvisaron soluciones.
Mantuvieron celebraciones.
Conservaron historias y costumbres.
Encontraron maneras de expresar afecto.
Algunos desarrollaron recursos extraordinarios precisamente porque las circunstancias se los exigieron.
Reconocer esto no significa convertir el sufrimiento en algo beneficioso ni afirmar que el trauma era necesario para que esas capacidades existieran.
Significa simplemente no reducir una historia familiar a sus heridas.
Cuando un recurso se vuelve una obligación
Aquí aparece un matiz especialmente interesante.
Una misma capacidad puede funcionar como recurso en determinadas circunstancias y convertirse después en una exigencia rígida.
Floyd describe, por ejemplo, algunas Cargas de Legado que ha encontrado particularmente en mujeres negras con quienes trabaja: autosuficiencia extrema, obligación de mostrarse fuertes, dificultad para permitirse vulnerabilidad, necesidad permanente de esforzarse, culpa al descansar, preocupación por la escasez y tendencia a cuidar a otros ignorando las propias necesidades.
Muchas de estas estrategias pueden tener una historia comprensible.
La capacidad de arreglárselas por cuenta propia puede haber sido indispensable.
La fortaleza pudo ayudar a atravesar circunstancias terribles.
La atención constante a las necesidades de otros pudo mantener unida a una familia o una comunidad.
Pero algo cambia cuando ya no existe elección.
“Sé resolver problemas” no es lo mismo que “tengo que resolverlo todo yo”.
“Puedo ser fuerte cuando hace falta” no es lo mismo que “no tengo derecho a mostrarme vulnerable”.
“Sé cuidar a otros” no es lo mismo que “debo cuidar siempre a los demás antes que a mí”.
Desde una perspectiva de partes, esta distinción resulta especialmente valiosa.
Una parte puede haber llevado una estrategia al extremo porque durante mucho tiempo creyó que era la única manera de mantener el sistema a salvo.
Y detrás de esa estrategia extrema puede seguir existiendo una capacidad valiosa.
Mirar detrás de la carga
Esto abre una pregunta diferente cuando observamos ciertas características familiares.
En vez de limitarnos a preguntar:
¿qué problema heredamos?
podemos preguntarnos también:
¿qué capacidad hay detrás de aquello que terminó volviéndose extremo?
Detrás de una autosuficiencia rígida puede existir una gran capacidad de resolución.
Detrás de una vigilancia constante puede existir sensibilidad para percibir riesgos.
Detrás de generaciones dedicadas a cuidar puede haber una fuerte orientación hacia la comunidad.
Detrás de una exigencia de trabajo permanente puede existir perseverancia y capacidad para sostener proyectos difíciles.
Esto no significa que cada carga esconda necesariamente una virtud ni que debamos buscar una explicación positiva para todo.
Significa que la carga y la capacidad no son siempre la misma cosa.
Una estrategia pudo haber surgido alrededor de un recurso y terminar aprisionándolo.
Recuperar una historia más completa
Quizá uno de los aportes más fértiles de esta perspectiva sea la posibilidad de modificar la narrativa que tenemos sobre nuestra procedencia.
Podemos venir de generaciones heridas.
Y también de generaciones creativas.
De personas que tuvieron miedo y de personas que desarrollaron coraje.
De historias de pérdida y de historias de encuentro.
De estrategias que hoy ya no necesitamos y de capacidades que todavía pueden ser valiosas.
Floyd no propone ignorar las Cargas de Legado. Una parte importante de su libro está dedicada precisamente al trauma familiar, cultural e intergeneracional.
Lo que introduce es una mirada más amplia.
Junto a aquello que pudo transmitirse como peso, existen también Herencias Ancestrales: recursos que forman parte de la historia de una familia y una cultura y que merecen ser reconocidos.
Dos preguntas para mirar el linaje
Cuando nos acercamos a nuestra historia familiar desde IFS, quizá podamos sostener entonces dos preguntas.
Una es conocida:
¿Qué estoy cargando que no comenzó conmigo?
La otra amplía el paisaje:
¿Qué recursos llegaron hasta mí que tampoco comenzaron conmigo?
No necesitamos elegir entre una y otra.
Podemos reconocer el dolor que atravesó nuestro linaje sin convertirlo en toda nuestra identidad.
Y podemos reconocer los recursos que heredamos sin romantizar aquello que nuestros antepasados tuvieron que atravesar.
Tal vez una historia familiar completa necesite ambas cosas:
recordar lo que pesó y reconocer también aquello que sostuvo.
Fuente principal: Tamala Floyd, Listening When Parts Speak: A Practical Guide to Healing with Internal Family Systems Therapy and Ancestor Wisdom. El artículo se basa especialmente en el prólogo de Richard C. Schwartz y en el capítulo 1, donde Floyd presenta su integración entre IFS, Cargas de Legado y Herencias Ancestrales.