¿Cómo ayudar a alguien a estar más en Self? (5/5)
Una de las dificultades más frecuentes al comenzar a trabajar con IFS aparece muy pronto.
La persona identifica una parte. Puede reconocer dónde la siente, qué teme o qué intenta evitar. Pero parece estar completamente tomada por ella.
Entonces surge la pregunta:
¿Cómo ayudarla a estar más en Self para poder relacionarse con esa parte?
A veces se habla de “llevar a la persona al Self”, “establecerla en Self” o “potenciar el Self”. Son expresiones comprensibles, pero pueden sugerir que el Self es un estado especial que quien acompaña tiene que producir.
Desde la perspectiva de IFS, el Self no necesita ser creado.
Ya está.
Lo que cambia es cuánto espacio hay para que sus cualidades estén disponibles cuando una o varias partes ocupan gran parte de la experiencia.
Por eso conviene cambiar la pregunta:
¿Qué está dificultando que haya un poco más de Self disponible ahora?
Y aquí aparece una idea especialmente importante:
la desmezcla (unblending) no siempre es un requisito previo al trabajo; muchas veces es uno de sus resultados.
No siempre hay que conseguir primero que una parte se aparte para recién entonces empezar a trabajar con ella. A veces es precisamente el encuentro con esa parte lo que permite que aparezca poco a poco una mayor diferenciación.
No empezar buscando el Self
Una persona habla de alguien que la lastimó.
Mientras cuenta lo ocurrido aprieta la mandíbula y dice:
—No quiero volver a verlo nunca más.
Se podría pensar inmediatamente: “Está muy mezclada con una parte. Hay que conseguir que se separe”.
Pero antes de intentar modificar nada, se puede ayudar a reconocer lo que ya está ocurriendo:
—Mientras hablas de él, noto que algo dentro de ti se pone muy firme. ¿Lo notas también?
La persona presta atención.
—Sí. Estoy furiosa.
Puede explorarse:
—¿Se siente como si toda tú estuvieras furiosa o puedes notar que hay algo dentro de ti que está así?
Tal vez por primera vez aparezca una pequeña diferencia entre ser completamente ese enojo y poder notar una parte enojada.
No hace falta anunciar que apareció el Self.
Muchas veces el acceso comienza de una manera mucho menos espectacular.
Comienza cuando aparece un poco de espacio.
Una pregunta para descubrir quién está presente
Una de las preguntas más útiles en IFS es:
¿Cómo te sientes hacia esa parte?
No sirve solamente para conocer qué piensa la persona sobre la parte que acaba de reconocer.
Ayuda a descubrir quién está relacionándose con ella.
La respuesta puede ser:
—Quisiera entender por qué está tan enojada.
Puede haber suficiente curiosidad y apertura para seguir acercándose.
Pero también puede aparecer:
—Me desespera que siga reaccionando así.
—Quiero que desaparezca.
—Me parece ridícula.
—Tengo que conseguir que se calme.
—Me da miedo acercarme.
Entonces se ha encontrado otra parte.
Eso no significa que algo haya salido mal.
Significa que el sistema acaba de mostrarse un poco más.
La dificultad comienza cuando esa segunda parte se convierte inmediatamente en un obstáculo que hay que retirar para llegar a la que parece más importante.
Ella también necesita ser escuchada.
Pedir espacio no es pedir que desaparezca
Puede preguntarse:
—¿Esa parte estaría dispuesta a darte un poco de espacio para que puedas conocer a la otra?
Pero pedir espacio no debería convertirse en una manera amable de decir:
“Hazte a un lado porque queremos llegar a otra parte.”
Los protectores suelen estar más dispuestos a dar espacio cuando perciben suficiente seguridad y comprueban que no se intentará desplazarlos, engañarlos o pasar por encima de ellos.
Una parte protectora difícilmente confiará si siente que quien acompaña intenta atravesarla para llegar a algo considerado más importante.
Por eso, si no quiere separarse, el trabajo puede continuar con ella.
—¿Qué te preocupa de que nos acerquemos a esa otra parte?
—¿Qué temes que pueda ocurrir?
—¿Hay algo que necesitas que comprendamos antes de seguir?
Puede responder:
“Si aflojo, nos van a volver a lastimar”.
O:
“Si dejo de controlar esto, todo se va a desbordar”.
O:
“No confío en que sepan lo que están haciendo”.
Ya no se trata de una resistencia que bloquea el proceso.
Se trata de una parte que intenta cuidar algo.
La parte que no quería separarse
Volvamos a la persona de la mandíbula apretada.
Cuando se interesa por su enojo descubre que esa parte no quiere dar espacio.
Teme que, si afloja, la persona vuelva a acercarse a quien la lastimó.
Su función no es solamente estar furiosa.
Está intentando evitar que algo vuelva a suceder.
En lugar de insistir en que se aparte, se puede permanecer con ella:
—Entonces necesitas asegurarte de que nadie vuelva a pasar por encima de ti.
La persona permanece un momento en silencio.
La mandíbula sigue tensa, pero algo cambia.
—Sí. Eso es.
No hubo una orden de separación.
Nadie consiguió “entrar en Self”.
Pero la persona ya no está exactamente en el mismo lugar que unos minutos antes.
Ahora puede escuchar a esa parte.
Puede comprender algo de su intención.
Y al sentirse reconocida, la parte puede necesitar ocupar un poco menos de espacio.
Ese movimiento es importante.
La desmezcla apareció dentro de la relación, no antes de ella.
No hace falta estar completamente en Self
Otro problema aparece cuando las cualidades del Self se convierten en una lista de requisitos.
Calma.
Curiosidad.
Compasión.
Claridad.
Confianza.
Coraje.
Creatividad.
Conexión.
La persona puede empezar a evaluarse:
“Todavía estoy nerviosa, así que no estoy en Self”.
“No siento suficiente compasión”.
“No tengo calma”.
Y se crea un nuevo examen interno.
En una sesión no hace falta una presencia perfecta de todas las cualidades del Self.
Hace falta suficiente Self disponible para el siguiente encuentro.
Puede haber curiosidad junto con miedo.
Puede haber ternura y tristeza al mismo tiempo.
Puede haber conmoción sin que la persona esté completamente tomada por ella.
Una frase como:
—No entiendo todavía a esta parte, pero quiero conocerla.
puede ser suficiente para continuar.
Pensar el Self como un interruptor —está o no está— empobrece lo que sucede en la experiencia.
Habitualmente hay grados.
Partes alrededor.
Momentos de mayor apertura y momentos en que una parte vuelve a ocupar el campo.
No se busca pureza.
Se busca suficiente espacio para la relación.
Cuando aparece “no siento nada”
A veces se pregunta:
—¿Cómo te sientes hacia esa parte?
Y la respuesta es:
—Nada.
Ese “nada” no permite sacar una conclusión automática.
Puede haber calma.
Puede haber distancia.
Puede haber desconexión.
Puede existir una parte que anestesia.
Puede explorarse:
—¿Cómo es ese no sentir nada?
—¿Se siente tranquilo o más bien lejano?
—¿Hay algo dentro que prefiera no acercarse?
A veces aparece un protector.
En otras ocasiones, la persona simplemente necesita tiempo.
La respuesta no se deduce de una palabra.
Se descubre acompañando la experiencia.
Self no siempre necesita ser nombrado
En otro momento la persona puede mirar hacia la parte enojada y decir espontáneamente:
—Ahora entiendo por qué haces esto. Estás tratando de que no vuelva a pasar.
No siempre hace falta interrumpir para preguntar:
—¿Estás en Self ahora?
Algo ya está ocurriendo.
Hay interés.
Hay reconocimiento.
Hay menos pelea.
La relación con la parte cambió.
Nombrar el Self puede ser útil cuando ayuda a orientarse. Pero no necesita convertirse constantemente en el tema de la sesión.
El Self puede estar presente sin anunciarse.
Cuando todo suena demasiado correcto
Existe una dificultad más sutil.
Con el tiempo, una persona puede aprender muy bien el lenguaje de IFS.
Sabe que conviene mostrar curiosidad.
Que los protectores deben ser agradecidos.
Que la compasión es una cualidad del Self.
Entonces puede responder:
—La comprendo.
—Le agradezco lo que hizo.
—Siento compasión.
Todo eso puede ser genuino.
Pero también puede provenir de una parte que aprendió cómo se supone que debe hacerse el trabajo.
Una parte aplicada.
Una parte complaciente.
Una parte que quiere avanzar.
Una parte que quiere hacerlo bien.
Por eso no alcanza con escuchar las palabras correctas.
Conviene atender a la cualidad de la relación.
¿Hay verdadero interés?
¿La parte puede decir que no?
¿Hay espacio para no saber?
¿Existe una expectativa escondida de que cambie?
¿Se la escucha o se espera que coopere?
Una voz suave tampoco demuestra Self.
Puede haber mucha calma exterior mientras una parte intenta conducir internamente el proceso.
Y puede haber lágrimas, intensidad o conmoción con bastante Self disponible.
Self no es una actuación de serenidad.
El Self de quien acompaña también importa
El acceso al Self no depende solamente de las preguntas.
Importa también la presencia de quien acompaña.
Puede pensarse como un diapasón: la presencia desde Self de quien acompaña no produce el Self de la otra persona, pero puede favorecer que sus propias cualidades de Self encuentren más espacio.
Alguien puede comenzar a relacionarse de otra manera con sus partes porque descubre delante suyo a una persona que no se asusta de ellas.
Que no necesita corregirlas.
Que tolera un “no”.
Que no intenta atravesar rápidamente a un protector.
Que puede permanecer interesada cuando aparentemente no ocurre nada.
Al comienzo, quien acompaña puede prestar bastante andamiaje.
Ayuda a reconocer una parte.
Pregunta cómo se siente la persona hacia ella.
Advierte que puede haber aparecido otro protector.
Sugiere una pregunta.
Recuerda que se puede pedir espacio sin exigirlo.
Pero ese andamiaje debería ir disminuyendo.
Con el tiempo hacen falta menos indicaciones.
La persona empieza a conocer su propio sistema y a encontrar una manera más directa de relacionarse con él.
Ese es también un criterio importante: el acompañamiento no busca producir dependencia de alguien que conozca mejor el mapa.
Busca favorecer una relación interna que pueda sostenerse cada vez más desde dentro.
Cuatro situaciones frecuentes
Estas orientaciones no son ejercicios para producir Self. Son referencias sencillas para reconocer qué puede estar ocurriendo en una sesión.
Cuando la persona está completamente tomada por una parte
Se puede ayudar primero a reconocer lo que ya está ocurriendo:
—¿Puedes notar dónde sientes esto?
—¿Se siente como todo tú o como algo dentro de ti?
A veces poner una pequeña distancia en el lenguaje y en la atención ya comienza a generar diferenciación.
Cuando la parte no quiere dar espacio
Conviene interesarse por ella en lugar de convertir la separación en una condición para seguir:
—¿Qué te preocupa de dar un poco de espacio?
—¿Qué temes que pueda ocurrir?
—¿Qué necesitas que comprendamos?
El trabajo de ese momento puede ser precisamente con esa parte.
Cuando la persona dice “no siento nada”
Puede explorarse la cualidad de ese “nada”.
¿Hay tranquilidad?
¿Distancia?
¿Niebla?
¿Desconexión?
¿Una necesidad de mantenerse lejos?
No hace falta decidir de antemano qué significa.
La experiencia irá mostrando qué hay.
Cuando las respuestas suenan demasiado correctas
Puede observarse si existe libertad.
¿La parte puede no querer cambiar?
¿Puede decir que no?
¿Hay curiosidad incluso cuando no aparece una respuesta?
¿Hay espacio para quedarse sin saber?
La relación dice más que el vocabulario.
Se trata de hacer espacio
Facilitar el acceso al Self no consiste en conducir a alguien hacia un estado que quien acompaña conoce de antemano.
Consiste en reconocer quién está presente.
Escuchar.
Comprender qué teme.
Permitir que una parte descubra que no será desplazada.
Notar cuándo aparece otra.
Volver a escuchar.
Y observar cómo, poco a poco, puede surgir más espacio alrededor de aquello que antes ocupaba todo el campo.
A veces aparecerá calma.
A veces curiosidad.
A veces ternura.
A veces solamente la posibilidad de quedarse cerca sin querer cambiar nada todavía.
Eso puede ser suficiente.
No hace falta fabricar un estado especial.
Tampoco hace falta que las partes desaparezcan.
Una de las señales más confiables de que hay más Self disponible puede ser mucho más sencilla:
que una parte pueda estar presente sin que nadie necesite expulsarla para poder escucharla.