Claridad no es certeza: otra manera de comprender el Self

Alguien tarda en responder un mensaje.

Pasan unos minutos. Aparece una tensión en el pecho y, casi enseguida, una explicación:

«Me está ignorando.»

Quizá después llegue otra:

«Está molesto conmigo.»

Y muy pronto:

«Ya sé por qué hizo eso.»

Todavía no se sabe qué ocurrió. Pero por dentro algo parece haberlo decidido.

Una de las cualidades que IFS asocia con el Self es la claridad. Sin embargo, claridad no significa certeza. Tal vez incluso haya momentos en los que la certeza excesiva sea justamente lo que dificulta ver con claridad.

Martha Sweezy y Sarah Bergenfield exploran esta cuestión en A Neuroscience Perspective on the Concept of Self in IFS. Su propuesta nace de una dificultad conocida: para algunas personas, las maneras habituales de hablar del Self —las metáforas tomadas de la física o de las tradiciones espirituales— pueden resultar demasiado abstractas.

Las autoras ensayan entonces otro lenguaje: el del procesamiento predictivo.

No como una demostración neurocientífica del Self, sino como una manera posible de comprender qué podría estar ocurriendo cuando la experiencia se vuelve menos rígida y más abierta a lo que realmente está sucediendo.

Un cerebro que anticipa

El cerebro no espera a tener toda la información para empezar a comprender una situación.

Anticipa.

A partir de experiencias anteriores construye modelos acerca de cómo funciona el mundo, cómo suelen comportarse otras personas y qué puede esperarse de determinadas situaciones.

Esos modelos resultan indispensables.

Permiten reconocer rápidamente un rostro, comprender una frase incompleta, anticipar el movimiento de un automóvil o advertir un posible peligro.

También permiten anticipar situaciones relacionales.

Una determinada expresión puede anunciar enojo.

Un silencio puede parecer rechazo.

Una crítica puede sentirse como el comienzo de una humillación.

La percepción no parte solamente de lo que está ocurriendo ahora. También está influida por lo que el sistema espera encontrar.

Por eso una interpretación puede sentirse completamente cierta antes de haber sido comprobada.

No todas las expectativas pesan igual

El procesamiento predictivo intenta comprender cómo se combinan dos fuentes de información.

Por un lado, lo que ya se espera a partir de experiencias anteriores.

Por otro, lo que llega en este momento a través de los sentidos y de la situación actual.

Cuando ambas coinciden, no hay demasiado que revisar.

Cuando no coinciden, aparece algo nuevo.

Se esperaba una cosa y ocurrió otra.

Esa diferencia puede permitir que el modelo se actualice.

Pero para que eso suceda, la información nueva necesita tener suficiente peso.

Si una expectativa anterior domina por completo, cualquier dato que la contradiga puede ser ignorado, reinterpretado o considerado poco confiable.

«Sé que está molesto.»

La otra persona dice que no.

«Lo dice porque no quiere admitirlo.»

Aparece una explicación capaz de preservar la predicción original.

El sistema sigue teniendo razón.

Precisión equilibrada

Sweezy y Bergenfield utilizan aquí una idea central del procesamiento predictivo: la precisión.

En este contexto, precisión no significa que algo sea correcto.

Se refiere, de manera simplificada, a cuánto peso recibe determinada información.

Una expectativa previa puede recibir mucho peso.

También puede otorgarse mucho peso a una señal nueva.

Las autoras proponen relacionar la experiencia del Self con una situación de precisión equilibrada.

El pasado sigue aportando información, pero no decide de antemano lo que está ocurriendo.

El presente aporta información nueva, pero tampoco arrasa con todo lo aprendido.

Hay suficiente estabilidad para orientarse y suficiente flexibilidad para corregir el rumbo.

Puede aparecer una primera impresión:

«Creo que está molesto.»

Sin que inmediatamente tenga que convertirse en:

«Está molesto. Lo sé.»

Entre ambas frases hay un pequeño espacio.

En ese espacio puede entrar información.

Curiosidad: todavía no lo sé

Desde esta perspectiva, la curiosidad adquiere un sentido muy concreto.

La curiosidad necesita cierta incertidumbre.

Cuando algo ya está decidido, no hay nada que investigar.

«Quiere aprovecharse de mí.»

«Esto va a terminar mal.»

Quizá cualquiera de esas conclusiones sea correcta.

Pero mientras funcionan como certezas no necesitan mirar nada más.

La curiosidad introduce otra posibilidad:

Tal vez. Veamos.

No invalida la primera impresión.

Simplemente evita convertirla demasiado rápido en la única explicación posible.

La curiosidad no sabe de antemano la respuesta.

Por eso puede descubrir algo.

Claridad: mirar antes de concluir

La claridad suele confundirse con seguridad absoluta.

Pero pueden existir certezas muy intensas y muy poca claridad.

Una persona puede estar completamente convencida de que alguien quiere rechazarla.

Otra, de que cometer un error tendrá consecuencias terribles.

Otra, de que si no controla determinada situación todo terminará mal.

La intensidad de la convicción no demuestra que la interpretación sea correcta.

La claridad requiere poder mirar tanto lo que se espera como lo que efectivamente está ocurriendo.

Una parte puede advertir:

«Esto es peligroso.»

No hace falta responder:

«No, estás equivocada.»

Tampoco asumir inmediatamente:

«Entonces es peligroso.»

Puede haber una tercera posición:

«Entiendo que algo aquí te hace esperar peligro. Miremos qué está ocurriendo.»

La predicción es escuchada sin convertirse automáticamente en realidad.

Confianza: poder equivocarse

La confianza también puede entenderse de otra manera.

No como la seguridad de que una interpretación será correcta, sino como la posibilidad de equivocarse sin que el error resulte intolerable.

En un sistema predictivo, descubrir que algo no ocurrió como se esperaba permite mejorar el modelo del mundo.

El error contiene información.

Desde esta perspectiva, confiar no significa pensar:

«Sé lo que va a suceder.»

Puede significar:

«No necesito saberlo completamente de antemano. Si mi predicción falla, podré aprender algo.»

Esto cambia la relación con la incertidumbre.

Una equivocación deja de ser solamente una amenaza.

Puede convertirse en una corrección.

El mundo puede mostrar algo que no estaba previsto y el sistema puede incorporarlo.

La confianza no necesita garantías.

Necesita suficiente estabilidad como para permitir que la experiencia tenga algo nuevo que decir.

Creatividad: cuando existe más de una respuesta

La creatividad también necesita espacio.

Cuando una parte considera que existe una única respuesta segura, las posibilidades se reducen.

Hay que controlar.

Hay que huir.

Hay que agradar.

Hay que hacerlo perfecto.

Estas respuestas pueden haber tenido mucho sentido en otras circunstancias. Pero cuanto más rígida es la predicción, menos alternativas pueden percibirse.

Cuando disminuye esa rigidez aparecen opciones que antes quedaban fuera del campo.

Esperar.

Preguntar.

Poner un límite.

Cambiar de opinión.

La creatividad no surge porque desaparezcan las experiencias anteriores.

Surge cuando esas experiencias dejan de decidir por anticipado cuál es la única respuesta posible.

No se trata de estar completamente en Self

Esta mirada también permite alejarse de otra simplificación: imaginar el Self como un estado que está presente o ausente por completo.

Puede existir mucha activación y, aun así, quedar algo de curiosidad.

Puede haber miedo y conservarse cierta capacidad de observarlo.

Puede aparecer una conclusión muy rápida y surgir después una pregunta:

«¿Y si no fuera exactamente así?»

No es necesario pasar de una rigidez absoluta a una apertura total.

Puede haber grados.

Una expectativa puede seguir siendo intensa y ocupar algo menos de espacio.

Una parte puede continuar convencida de algo y permitir que se escuche otra información.

Desde IFS, esto puede vivirse como mayor presencia del Self.

Desde el lenguaje que proponen Sweezy y Bergenfield, puede pensarse como una mayor flexibilidad en la manera de ponderar lo que ya se esperaba y lo que está ocurriendo ahora.

Son lenguajes diferentes para acercarse a una experiencia.

Cuando aparece un poco más de espacio

Pasa un rato y todavía no hay respuesta al mensaje.

Aparece:

«Me está ignorando.»

La sensación continúa en el pecho.

Quizá haya razones para pensar eso.

Pero también puede surgir algo más:

«Una parte de mí está muy segura de que me está ignorando.»

Puede escucharse qué reconoce esa parte, qué anticipa y qué conoce de situaciones parecidas.

Y todavía puede esperarse un poco más de información.

La expectativa sigue ahí.

Pero ya no ocupa todo el campo.


Fuente comentada

Sweezy, M. & Bergenfield, S. (2026). A Neuroscience Perspective on the Concept of Self in IFS. Psychology Today, 20 de julio de 2026.

Para profundizar

Clark, A. (2023). The Experience Machine: How Our Minds Predict and Shape Reality. Pantheon Books.

Schwartz, R. C. & Sweezy, M. (2019). Internal Family Systems Therapy (2.ª ed.). Guilford Press.

Preguntar sin poner la respuesta en la pregunta

Cómo una pregunta puede abrir el camino para que cada persona descubra lo que pasa en su interior.

Quien acompaña a otra persona suele reconocer patrones, establecer conexiones e intuir qué puede estar ocurriendo detrás de determinadas emociones o comportamientos.

En el modelo de Sistemas Familiares Internos (IFS), una habilidad especialmente valiosa consiste en transformar esas intuiciones en preguntas que permitan a la persona descubrir lo que sucede en su propio mundo interior.

Pero hay preguntas que abren posibilidades y otras que ya contienen una explicación.

Preguntas llenas y preguntas vacías

Imaginemos a una persona que se exige constantemente, se critica por cualquier error y tiene dificultades para reconocer sus logros.

Quien acompaña sospecha que esa exigencia intenta protegerla del rechazo.

Podría preguntar:

«¿Esa parte exige tanto porque teme el rechazo?».

La pregunta parece abierta, pero lleva una interpretación incorporada. La persona puede confirmarla, rechazarla o intentar averiguar si coincide con lo que siente.

Podríamos llamar a esto una pregunta llena: contiene parte de la respuesta que quien acompaña espera encontrar.

Ahora imaginemos otra pregunta:

«¿Qué quiere contar esa parte sobre su exigencia?».

Esta pregunta permite que la parte muestre sus propias razones. Tal vez tema el rechazo, como se había imaginado. Quizá tenga miedo de cometer errores, de perder el control o de defraudar a alguien. También puede revelar algo inesperado.

Es una pregunta vacía: ofrece un espacio para descubrir, sin llenarlo previamente con una interpretación.

La intuición profesional ayuda a orientar la exploración. La respuesta llega desde la experiencia de la persona.

Cuando la pregunta ya sabe demasiado

Pensemos en una persona que está aprendiendo a tratarse con mayor cariño. Cada vez que reconoce algo bueno de sí misma, aparece una voz interna que la descalifica.

Quien acompaña intuye que esa voz intenta protegerla de una nueva decepción.

Podría preguntar:

«¿Esa voz tiene miedo de que vuelva a confiar demasiado y termine lastimada?».

Pero también podría preguntar:

«¿Qué le sucede a esa voz cuando aparece el cariño?».

Quizá la persona descubra que esa voz se inquieta porque considera necesario mantenerla alerta. Entonces podría surgir otra pregunta:

«¿Qué teme esa parte que suceda si deja de mantenerla alerta?».

Ahora la pregunta sobre el temor surge de algo que la propia parte ha mostrado.

Una misma pregunta puede abrir o dirigir la exploración según lo que el sistema haya revelado hasta ese momento.

El valor del descubrimiento propio

Una interpretación ofrecida desde afuera puede resultar acertada y producir alivio. También puede activar partes que se sienten evaluadas, especialmente cuando la persona ya convive con voces internas muy críticas.

Cuando la comprensión surge del contacto con las propias partes, sucede algo diferente.

La persona descubre que aquella voz que consideraba un obstáculo intenta protegerla de algo. Comienza a reconocer su intención y puede construir una relación distinta con ella.

Ese descubrimiento le pertenece. Puede volver a contactar con la parte y seguir conociéndola después de la sesión.

La curiosidad de quien pregunta

Aquí aparece una dimensión todavía más sutil.

Una pregunta formulada con palabras abiertas también puede llevar una expectativa muy precisa.

Quien acompaña puede tener una parte que desea comprender rápidamente, otra que quiere ayudar ofreciendo soluciones o una que necesita confirmar que su intuición era correcta.

Estas partes pueden influir en el tono de voz, en la insistencia o en la manera de recibir las respuestas.

Por eso, la apertura de una pregunta depende tanto de las palabras elegidas como de la disposición interna de quien pregunta.

La curiosidad genuina incluye estar dispuesto a descubrir algo diferente de lo que se esperaba.

También importa para quien consulta

Reconocer esta diferencia puede resultar útil en cualquier proceso de acompañamiento.

Una persona puede aprender a distinguir cuándo una pregunta la invita a explorar su experiencia y cuándo le propone una interpretación ya elaborada.

También puede expresar que una explicación no coincide con lo que siente, que necesita más tiempo o que todavía desconoce la respuesta.

Así participa activamente en la comprensión de su mundo interior, en lugar de limitarse a recibir explicaciones sobre sí misma.

Aprender a dejar espacio

Quien acompaña aporta experiencia, conocimientos y capacidad de observación. Sus intuiciones permiten identificar caminos posibles, mientras que las preguntas ayudan a explorarlos.

A veces la respuesta confirma lo que se había imaginado. Otras veces revela algo completamente diferente.

La mejor pregunta es aquella que deja suficiente espacio para que la respuesta pertenezca a quien la descubre.

La Multiplicidad más allá de una vida

¿Qué sucede con nuestras partes cuando morimos?

Esta pregunta fue el punto de partida de una investigación que terminó convirtiéndose en un libro.

En IFS sabemos que las partes llevan las cargas de nuestras experiencias traumáticas. Por otro lado, quienes trabajan con regresiones a vidas pasadas encuentran personas que reviven y sanan traumas de otras existencias.

Al reunir estas dos perspectivas, surgió una pregunta que me resultó fascinante: si el trauma atraviesa las vidas y son las partes las que llevan sus cargas, ¿qué sucede con esas partes?

Así comenzó un recorrido por décadas de experiencias, investigaciones y propuestas de autores como Richard Schwartz, Michael Newton, Roger Woolger, Andy Tomlinson, Thomas Zinser, David Furlong, Robert Falconer y Jane Roberts, entre otros.

El resultado es La multiplicidad más allá de una vida, un libro de catorce capítulos que pone en diálogo IFS con las experiencias regresivas, la investigación sobre la continuidad de la conciencia y diferentes concepciones espirituales de la identidad.

A lo largo de sus páginas exploramos qué puede continuar después de la muerte, cómo se relacionan las cargas con las identidades que las sostienen y qué sucede cuando esas identidades encuentran transformación.

También examinamos las coincidencias y diferencias entre los modelos, distinguiendo testimonios, investigaciones e interpretaciones.

Y llegamos a una pregunta todavía más amplia:

¿Y si la multiplicidad fuera una característica de la conciencia misma?

Este libro forma parte de El Caldero, mi proyecto de exploración sobre la vida interior, la conciencia, la espiritualidad y las grandes preguntas de nuestra existencia.

Lo comparto libremente, con la alegría de poner a disposición de otras personas un trabajo que nació de mi propia curiosidad y de muchos años de acercamiento a estos temas.

Espero que sus páginas despierten nuevas preguntas, conversaciones y posibilidades de comprensión.

A continuación puedes leer el libro completo y acceder gratuitamente al PDF.

Leonardo González Cigliuti
Octubre de 2026