Hay enojo. Se sabe. Se siente en el cuerpo, en el tono, en cómo salen las palabras…
Y al mismo tiempo, hay algo que se ve. Algo del otro, de la situación, de lo que está pasando. Algo que es verdad.
¿Hace falta esperar a estar tranquilo para confiar en eso que se ve?
Lo que suele decirse es que sí. Que primero hay que descontaminarse, separar, volver al centro. Que desde la activación no se ve, se reacciona.
Y hay sabiduría en eso. La separación sigue siendo valiosa.
Pero la vida no siempre da ese tiempo. Y a veces, cuando se vuelve tranquilo, lo que se vio se diluye, se vuelve borroso, pierde nitidez. Como si la calma se hubiera llevado los lentes.
Hay otra posibilidad, intermedia. Aprender a ver desde la mezcla.
No es que la parte activada tenga la razón. No es eso.
Es que la parte activada tomó un hilo real y lo está tirando con fuerza. El hilo existía antes de que ella lo agarrara. Lo que ella hace es amplificarlo, exagerarlo, ponerle urgencia y filo…
Pero el hilo es verdadero.
Y quien está mezclado con ella puede sentir el filo y, a la vez, ver el hilo.
Ver desde la mezcla no es ignorar que hay mezcla. Es lo contrario.
Es saber que hay mezcla, sentirla claramente, y aun así no descartar lo que esa parte está mostrando. Porque algo de verdad hay. Siempre. Algo de verdad hay.
La parte sabe por parte. Pero quien la conoce también aprende por experiencia. Por haberla visto acertar y exagerar muchas veces. Por haber aprendido a destilar lo uno de lo otro sin necesidad de apagarla primero.
Esto cambia algo importante.
No hay que elegir entre creerle todo a la parte o no creerle nada. No hay que esperar a estar limpio para mirar. No hay que pedirle permiso a la calma para tener visión.
Se puede estar mezclado y ver. Se puede estar enojado y tener razón en parte. Se puede estar dolido y leer bien la situación.
Otra cosa es decidir qué hacer con eso que se ve. Ver algo verdadero no significa que haya que actuar de inmediato, ni decirlo de cualquier manera, ni convertir esa percepción en sentencia. A veces alcanza con reconocer: “esto que veo importa; después lo miraré con más espacio”. Lo que hace falta es la honestidad de saber dónde se está, y la paciencia de separar, después, lo que es hilo de lo que es exageración…
Quizá la próxima vez que llegue una activación, en lugar de tratar de apagarla antes de mirar, valga la pena preguntarse qué hilo está tirando.
Quizá ahí mismo, con el cuerpo encendido, haya algo para ver…