Una práctica IFS para escuchar un dilema interno
Hay momentos en los que sabemos bastante bien cuáles son nuestras opciones y, sin embargo, seguimos sin poder decidir.
Una parte quiere avanzar.
Otra quiere detenerse.
Y cuanto más habla una, más argumentos encuentra la otra.
En el artículo La parte que quiere decidir no es neutral observábamos además otra posibilidad: mientras esos dos lados discuten puede aparecer una parte cuya preocupación principal sea terminar cuanto antes con la incertidumbre.
Esta práctica propone algo diferente a intentar decidir mejor.
Durante unos minutos, no vamos a resolver el dilema.
Vamos a escuchar.
La práctica está basada en la Meditación del dilema que Richard Schwartz presenta en No hay partes malas. Schwartz propone escuchar por separado los dos lados de una polarización y, si ambos están dispuestos, facilitar después un encuentro entre ellos.
Aquí añadiremos un paso previo: comprobar si también está presente una parte que necesita urgentemente obtener una respuesta.
Antes de empezar
Elige un dilema real, pero no necesariamente el más difícil de tu vida.
Algo suficientemente importante como para que puedas reconocer posiciones diferentes dentro de ti, pero que puedas explorar sin sentirte completamente sobrepasado.
Esta práctica no tiene como objetivo decirte qué hacer.
Tampoco sustituye la información, las conversaciones, los límites o las acciones concretas que una situación pueda requerir.
Su propósito es más sencillo:
escuchar mejor quiénes están participando en la decisión.
Busca un momento en el que puedas estar unos minutos sin interrupciones.
Puedes cerrar los ojos o mantenerlos abiertos con una mirada suave.
Acomódate de la manera que te resulte más natural.
[Pausa breve]
Trae ahora a la mente el dilema.
No intentes resolverlo.
Solo déjalo estar presente.
Quizá puedas completar internamente:
Una parte de mí quiere…
[Pausa]
Y:
Otra parte de mí quiere…
[Pausa más larga]
Observa cómo reconoces cada posición.
Puede aparecer como pensamientos.
Como palabras.
Como imágenes.
Como impulsos.
Como sensaciones en distintas zonas del cuerpo.
No necesitas producir nada especial.
Primero: ¿hay una parte que necesita decidir ya?
Antes de entrar en los dos lados, observa si aparece alguna otra reacción.
Quizá algo diga:
Muy bien, hagamos esta práctica y terminemos de decidir.
Necesito saber qué hacer.
Estoy cansado de esto.
No puedo seguir así.
[Pausa]
Si encuentras una parte así, no hace falta apartarla.
Detente un momento con ella.
Puedes preguntarle:
¿Qué es lo más difícil para ti de que todavía no tengamos una respuesta?
[Pausa]
Después:
¿Qué temes que pueda ocurrir si seguimos un poco más sin decidir?
[Pausa más larga]
Escucha lo que aparezca.
Tal vez tema que pierdas tiempo.
Que algo empeore.
Que te equivoques.
Que otra persona termine tomando la decisión.
Que pierdas una oportunidad.
O quizá simplemente esté agotada de sostener esta tensión.
No necesitas convencerla de nada.
Hazle saber que comprendes que está intentando ayudar.
Después puedes decirle:
No voy a ignorar esta decisión. Solo quiero escuchar durante unos minutos a las otras partes implicadas.
Pregúntale si estaría dispuesta a darte ese espacio.
[Pausa]
Si no quiere hacerlo, no la fuerces.
Puedes permanecer con ella y conocer mejor qué la preocupa.
Escuchar al primer lado
Elige ahora uno de los dos lados del dilema.
No porque creas que tiene razón.
Solo para comenzar por alguna parte.
Haz saber al otro lado que también tendrá su turno y que no vas a tomar ninguna decisión mientras escuchas a la primera parte.
Pregúntale si estaría dispuesto a darte unos minutos para hacerlo.
[Pausa]
Dirige ahora tu atención hacia la parte que has elegido.
Antes de preguntarle por el dilema, observa:
¿Qué sientes hacia ella?
[Pausa]
¿Curiosidad?
¿Impaciencia?
¿Miedo?
¿Enojo?
¿Desconfianza?
¿Quieres que cambie de opinión?
¿Te parece exagerada?
¿Quieres demostrarle algo?
Si aparece una reacción fuerte hacia esta parte, considera que también puede proceder de otra parte.
Puedes reconocerla y preguntarle:
¿Podrías darme un poco de espacio para escucharla? También voy a tenerte en cuenta.
[Pausa]
Cuando sientas algo más de apertura, vuelve hacia la parte elegida.
Pregúntale:
¿Qué quieres que comprenda acerca de tu posición?
[Pausa más larga]
No busques una respuesta determinada.
Puede aparecer como palabras, sensaciones, imágenes, recuerdos o simplemente como una comprensión.
Después pregunta:
¿Por qué esto es tan importante para ti?
[Pausa]
Y finalmente:
¿Qué temes que pueda ocurrir si la otra parte consigue lo que quiere?
[Pausa más larga]
Escucha.
No discutas.
No expliques por qué quizá está equivocada.
No intentes tranquilizarla demasiado rápido.
Solo intenta comprender qué está viendo y qué intenta proteger.
Cuando sientas que ha podido expresarse suficientemente, puedes hacerle saber:
Entiendo mejor por qué sostienes esta posición.
No necesitas prometerle que harás lo que quiere.
Solo reconocer que la has escuchado.
Ahora escucha al otro lado
Agradece a la primera parte lo que haya podido mostrarte.
Pregúntale si puede darte unos minutos mientras escuchas a la otra.
Recuérdale que escuchar no significa elegir.
[Pausa]
Invita ahora al segundo lado a acercarse.
Antes de preguntarle nada, observa nuevamente:
¿Qué sientes hacia esta parte?
[Pausa]
Quizá aparezca enseguida la primera:
Ya sé lo que va a decir.
No le hagas caso.
Siempre hace lo mismo.
Si ocurre, reconoce su presencia.
Recuérdale que acaba de ser escuchada y que podrás volver con ella.
Pregúntale si puede darte algo de espacio.
[Pausa]
Cuando puedas acercarte con algo más de curiosidad, pregunta:
¿Qué quieres que comprenda acerca de tu posición?
[Pausa más larga]
Después:
¿Por qué esto es tan importante para ti?
[Pausa]
Y:
¿Qué temes que pueda ocurrir si la otra parte consigue lo que quiere?
[Pausa más larga]
Escucha de la misma manera.
Sin comparar todavía.
Sin decidir quién tiene mejores argumentos.
Sin buscar un ganador.
Intenta comprender qué está viendo y qué intenta proteger.
Hazle saber que su preocupación también importa.
¿Están dispuestas a encontrarse?
Pregunta ahora a esta segunda parte si estaría dispuesta a encontrarse con la primera.
No para discutir.
No para decidir.
Solo para escucharse con tu presencia.
[Pausa]
Si responde que no, respeta su límite.
No es necesario continuar.
Haber escuchado a ambas por separado ya puede ser suficiente para hoy.
Si acepta, invita nuevamente a la primera parte y pregunta también si está dispuesta.
[Pausa]
Si ambas aceptan, deja que estén presentes.
Recuérdales que pertenecen al mismo sistema.
No necesitan convencerse mutuamente.
No necesitan renunciar a sus preocupaciones.
Tu tarea es ayudar a que puedan escucharse con algo más de respeto.
Puedes compartir con cada una lo que has comprendido de la otra.
Tal vez preguntar:
¿Hay algo que ahora entiendas mejor de ella?
[Pausa más larga]
No busques reconciliación.
No hace falta encontrar un punto medio.
No hace falta resolver el dilema.
Quizá el único cambio sea que una deje de ver a la otra exclusivamente como el obstáculo.
Eso ya puede modificar la relación.
De partes que deciden a partes que aconsejan
Cuando el encuentro haya llegado suficientemente lejos, hazles saber algo:
no tienen que desaparecer para que una decisión pueda tomarse.
Ambas pueden seguir teniendo una opinión.
Pueden advertir.
Recordar algo importante.
Mostrar un riesgo.
Señalar una necesidad.
Puedes preguntarles:
¿Estarían dispuestas a ofrecer su consejo sin tener que cargar ustedes solas con la responsabilidad de decidir?
[Pausa más larga]
Observa cómo reaccionan.
Tal vez una todavía no confíe.
Quizá tema que, si deja de controlar la decisión, aquello que intenta proteger no será tenido en cuenta.
Escucha esa preocupación.
No hay nada que forzar.
La propuesta no consiste en quitarles voz.
Consiste en que puedan tener voz sin tener que llevar ellas solas el peso de la decisión.
Volver a la parte que quería terminar cuanto antes
Antes de cerrar, vuelve a buscar a la parte que al comienzo necesitaba una respuesta urgente.
¿Cómo está ahora?
[Pausa]
Quizá siga preguntando:
Sí, muy bien. ¿Pero qué hacemos?
También está bien.
Puedes preguntarle:
¿Ha cambiado algo después de escuchar a las otras partes?
[Pausa]
Y, si la decisión realmente puede esperar:
¿Podrías permitir que todavía no la resolvamos?
[Pausa]
Tal vez responda que sí.
Tal vez diga que no.
También eso merece ser escuchado.
Cerrar la práctica
Observa un momento el conjunto.
Las partes que quieren cosas diferentes.
La que necesita terminar con la incertidumbre.
Y cualquier otra que haya aparecido.
No necesitas haber llegado a ninguna conclusión.
[Pausa]
Agradece a las partes lo que hayan permitido conocer.
Hazles saber que puedes volver.
Después lleva lentamente la atención hacia el cuerpo.
Nota la superficie que te sostiene.
Los pies.
Las manos.
Los sonidos alrededor.
El lugar en el que estás.
Y cuando estés listo, abre los ojos o vuelve plenamente al entorno.
No saber todavía también puede ser un resultado
Quizá después de esta práctica la decisión se vea más clara.
Quizá no.
El objetivo no era conseguir una respuesta.
Era poder distinguir mejor:
quién quiere qué;
qué teme cada parte;
qué intenta proteger;
y quién necesitaba desesperadamente terminar con la incertidumbre.
A veces esa diferencia crea suficiente espacio para que una decisión empiece a madurar.
Otras veces muestra que todavía falta información, tiempo, conversación o ayuda.
Y puede ocurrir también que las partes continúen en desacuerdo.
No es un fracaso.
Escuchar una polarización no significa hacerla desaparecer.
Significa empezar a relacionarnos de otra manera con las partes que han asumido la responsabilidad de decidir.
Esta práctica está basada en la «Meditación del dilema» de Richard C. Schwartz, incluida en No hay partes malas. La práctica original propone reconocer los dos bandos de un dilema, escucharlos por separado, explorar qué teme cada uno si el otro se impone y, cuando ambos están dispuestos, facilitar un diálogo y devolver al Self la responsabilidad de la decisión. La exploración inicial de una parte que necesita resolver urgentemente el dilema es una ampliación incorporada en esta adaptación.
No es necesario completar todos los pasos. Si una parte no quiere abrir espacio o continuar, su límite puede convertirse en el foco de la práctica. Si la experiencia resulta abrumadora o cuesta mantener contacto con el presente, conviene detenerse y orientarse nuevamente al cuerpo y al entorno.