Un valioso webinar de Introduccion a IFS de Dick Schwartz y Jeanne Catanzaro

El 9 de marzo de 2026, el Instituto IFS ofreció un webinar introductorio con Richard Schwartz, Jeanne Catanzaro y parte de su equipo. Fue una propuesta pensada para quienes recién se acercan al modelo, pero también dejó ideas de mucho valor para quienes ya lo conocen y lo practican.

Más que un simple repaso teórico, el encuentro tuvo tres ingredientes muy bien combinados: una introducción clara a los fundamentos del modelo, una breve experiencia guiada para mirar hacia dentro y una demostración en vivo que permitió ver cómo trabaja IFS cuando deja de ser una idea interesante y se convierte en un proceso real.

Quiero compartir aquí lo que me pareció más valioso del webinar, no como una transcripción, sino como una lectura ordenada y didáctica de sus puntos centrales.

La mente no es una sola voz

Una de las bases de IFS es que la mente es múltiple por naturaleza. Esto, dicho así, puede sonar extraño al principio, porque muchas personas asocian la idea de “partes” a algo raro, patológico o fragmentado. Pero en IFS la multiplicidad no se considera un problema. Al contrario: se la entiende como algo normal en la vida humana.

Todos conocemos internamente distintas tendencias, impulsos, reacciones o voces. Una parte quiere descansar, otra exige rendir. Una parte quiere acercarse, otra quiere protegerse. Una parte se ilusiona, otra duda. Una parte se siente segura, otra teme quedar expuesta.

IFS parte de ahí. No supone que haya algo defectuoso en que esto ocurra. Lo que intenta hacer es ayudarnos a comprender mejor esa organización interna, y a relacionarnos con ella de una forma menos hostil, menos confusa y más respetuosa.

No hay partes malas

Quizá una de las ideas más fuertes del webinar fue esta: no hay partes malas.

Eso no significa que todas las conductas sean buenas ni que todo lo que una parte hace sea beneficioso. Significa algo más importante: incluso las partes que generan problemas están intentando ayudar de algún modo.

El crítico interno, por ejemplo, puede humillar, apretar o desgastar. Sin embargo, desde IFS no se lo mira de entrada como un enemigo a destruir, sino como una parte que probablemente teme algo y que aprendió a proteger de esa manera.

Lo mismo vale para partes controladoras, perfeccionistas, impulsivas, evitativas, adictivas o muy reactivas. El enfoque cambia por completo cuando dejamos de preguntar “¿cómo me saco esto de encima?” y empezamos a preguntar “¿qué intenta hacer esta parte por mí?”, “¿qué teme?”, “¿qué está protegiendo?”.

Ese cambio no es menor. Muchas personas viven peleadas consigo mismas. IFS propone reemplazar esa guerra por una investigación respetuosa.

Protectores y exiliados

En el webinar, Dick volvió a presentar una distinción clásica del modelo: la diferencia entre protectores y exiliados.

Los exiliados son partes más vulnerables, muchas veces ligadas a dolor, vergüenza, soledad, miedo, desvalorización o experiencias tempranas difíciles. No se trata de “niños internos” en un sentido romántico o decorativo, sino de aspectos de la persona que quedaron cargando sufrimiento y que el sistema intenta mantener apartados para poder seguir funcionando.

Los protectores, en cambio, son partes que organizan la vida para que ese dolor no vuelva a sentirse con tanta fuerza.

Dentro de los protectores, IFS suele distinguir dos grandes grupos.

Los primeros son los que a veces se traducen como administradores o managers. Son partes que intentan prevenir el dolor: organizan, controlan, anticipan, exigen, cuidan la imagen, buscan agradar, evitan errores, vigilan. El crítico interno suele formar parte de este grupo.

Los segundos son los llamados bomberos o firefighters. Entran en acción cuando el dolor ya se activó. No previenen: apagan incendios. Buscan cortar rápidamente la intensidad emocional, a veces con impulsividad, desconexión, compulsiones, adicciones, rabia, evitación o conductas extremas.

Esta distinción ayuda muchísimo, porque muestra que detrás de muchos conflictos internos no hay simple desorden, sino estrategias distintas de protección. Unas intentan controlar. Otras intentan apagar. Unas quieren prevenir el dolor. Otras quieren sacarnos de él cuanto antes.

El Self: el corazón del modelo

Si tuviera que señalar el punto que más diferencia a IFS de otros enfoques, probablemente sería este: además de las partes, el modelo reconoce en cada persona una presencia interna capaz de relacionarse con ellas de otra manera.

A eso Richard Schwartz lo llama Self, con mayúscula.

No lo presenta como una idea abstracta ni como una categoría filosófica difícil de sostener. Lo describe a partir de cualidades concretas que aparecen cuando las partes dan un poco de espacio: calma, curiosidad, compasión, claridad, confianza, coraje, creatividad y conexión.

Lo más esperanzador de esta propuesta es que el Self no se considera destruido por el trauma. Puede quedar tapado, puede estar muy poco accesible, pero no se pierde.

Jeanne insistió también en ese punto. Para muchas personas resulta profundamente aliviador escuchar que lo más sano de sí no fue destruido, aunque su historia haya sido dolorosa. El trabajo no consiste en fabricar ese centro desde cero, sino en ayudar a que vuelva a tener lugar.

Sanar no es pelearse con uno mismo

Otro aporte fuerte del webinar fue mostrar que en IFS sanar no equivale a controlar síntomas ni a eliminar partes molestas lo más rápido posible.

Sanar implica, primero, crear condiciones para una relación distinta con el mundo interno.

Cuando una persona puede acercarse a una parte con algo más de curiosidad y algo menos de rechazo, ya empezó a pasar algo importante. Y cuando además esa parte se siente escuchada y no atacada, muchas veces empieza a mostrar qué teme, qué aprendió, qué está intentando evitar y qué dolor sostiene detrás.

Dick insistió en algo clínicamente muy valioso: los protectores no suelen cambiar de verdad porque se los presione, sino porque dejan de necesitar tanto el rol que vienen cumpliendo. Y eso solo ocurre cuando lo que protegen recibe ayuda.

Esta lógica cambia mucho la práctica. En lugar de ir contra la parte que da problemas, se intenta entender qué la vuelve necesaria.

Una demostración que mostró el modelo en acción

La parte más viva del webinar fue la demostración con Kat Aria. Ahí se pudo ver muy bien cómo funciona IFS cuando pasa de la teoría a la experiencia.

Kat trajo un tema que no parecía, a primera vista, un “síntoma clásico”: una parte muy volcada al trabajo, apasionada, creativa, entusiasmada, pero también excesiva, intensa y en cierto punto compulsiva.

Eso ya fue interesante, porque mostró que IFS no trabaja solo con crisis evidentes o conductas claramente problemáticas. También puede iluminar patrones valorados por la persona, pero cargados de presión o de urgencia.

Dick la ayudó primero a ubicar esa parte trabajadora y a notar cómo se sentía hacia ella. Cuando apareció ternura, ya había suficiente Self disponible para empezar a conocerla mejor.

Al explorar qué temía esa parte si aflojaba, surgió algo más profundo: un profundo dolor afectivo. Y desde ahí apareció una escena antigua en la que Kat, siendo niña, había quedado fuertemente impactada al escuchar a una sobreviviente del Holocausto contar su historia.

No hace falta repetir aquí todos los detalles del proceso, pero sí subrayar lo esencial: una parte que parecía solo muy trabajadora terminó mostrando que estaba sosteniendo algo mucho más sensible y antiguo. Y cuando esa parte vulnerable pudo ser acompañada de otra manera, la presión del protector comenzó a aflojar.

Eso es IFS en acción. No una lucha contra la superficie, sino una escucha que permite llegar a la lógica protectora y al dolor que esa lógica estaba conteniendo.

Lo que dejó ver la demostración

Más allá de lo conmovedor del momento, hubo varias enseñanzas clínicas y humanas muy importantes en esa demostración.

La primera es que Dick no trató a la parte trabajadora como un defecto. No la atacó, no la interpretó de entrada, no la quiso desmontar. La respetó.

La segunda es que el proceso no fue directo hacia “el problema de fondo” desde el inicio. Primero hubo que establecer relación con el protector.

La tercera es que el cambio no consistió en que Kat dejara de amar su trabajo. Lo que empezó a cambiar fue la presión con que esa parte necesitaba empujarla.

Eso es importante porque evita simplificaciones. En IFS no se trata de quitar vitalidad, pasión o estructura. Se trata de liberar a las partes de la obligación extrema con que a veces tienen que funcionar.

Self no es perfección

Otro momento valioso del webinar fue cuando tanto Dick como Jeanne dijeron algo muy sencillo y muy necesario: nadie está en Self todo el tiempo.

No se trata de llegar a un estado de impecabilidad interior y quedarse allí para siempre. No se trata de convertirse en una especie de ser iluminado sin partes reactivas. Ambos contaron que antes del webinar notaron partes nerviosas y hablaron con ellas.

Ese detalle aterriza el modelo y lo vuelve más creíble.

IFS no promete una vida sin activación. Propone algo más realista y más útil: poder notar cuándo una parte tomó demasiado espacio y ayudar a que el sistema vuelva a organizarse mejor.

El Self, entonces, no aparece como una meta narcisista o espiritualizada, sino como una práctica de regreso.

Una mirada que también sirve fuera del consultorio

Aunque el webinar estuvo centrado en introducir IFS como modelo terapéutico, también dejó claro que esta mirada puede influir en la vida cotidiana, en los vínculos y en el liderazgo.

Si una persona aprende a reconocer qué partes se activan cuando discute, se exige, se bloquea, se sobrecarga o se defiende, ya no vive sus reacciones del mismo modo. Hay más posibilidad de pausa, de comprensión y de elección.

Jeanne habló de esto con mucha claridad: cuando una persona puede acceder un poco más a su Self, eso influye directamente en la calidad de sus relaciones. Y Dick recordó algo muy cierto: los protectores son contagiosos, pero el Self también lo es.

Esto tiene consecuencias muy concretas. No solo en terapia, sino en parejas, grupos, equipos y espacios de conducción.

Lo más valioso de la propuesta

Si tuviera que decir qué fue lo más valioso del webinar, no diría solo que explicó bien IFS. Diría que transmitió una actitud.

Una actitud menos patologizante, menos violenta y más respetuosa frente al sufrimiento humano.

Una actitud que no idealiza las partes ni romantiza el dolor, pero tampoco se apresura a combatirlo sin comprenderlo.

Una actitud que devuelve esperanza, porque propone que incluso detrás de nuestras reacciones más desgastantes puede haber una intención protectora. Y porque afirma que, debajo de todo eso, sigue existiendo una capacidad de presencia, compasión y claridad que no fue destruida.

Para cerrar

Muchas personas pasan años intentando cambiar a fuerza de control, de exigencia o de lucha interna. IFS ofrece una alternativa muy distinta.

No propone rendirse ante el caos interior. Tampoco propone justificarlo todo. Propone algo más fino: aprender a mirar con más precisión, escuchar con más respeto y liderar desde un lugar menos reaccionario.

Quizá por eso este webinar resultó tan valioso. Porque mostró, de una manera muy clara, que sanar no siempre empieza cuando logramos dominar nuestras partes, sino cuando dejamos de tratarlas como enemigas y empezamos a comprender qué han estado intentando hacer por nosotros.

Descarga la síntesis ampliada del webinar

Vergüenza crónica: una herida relacional que IFS ayuda a comprender mejor

Hay personas que viven con una sensación persistente de no estar bien siendo quienes son. No siempre pueden explicarlo con claridad, pero cargan con una impresión íntima de estar rotas, de no ser suficientes, de no merecer amor o de tener algo defectuoso en lo más profundo de sí.

A eso Patricia DeYoung lo llama vergüenza crónica.

Su libro Understanding and Treating Chronic Shame ofrece un aporte muy valioso para comprender este sufrimiento. No presenta la vergüenza como un simple problema de autoestima ni como una idea negativa sobre uno mismo, sino como una herida relacional profunda que afecta la identidad, el cuerpo, los vínculos y la manera de habitarse internamente.

Leído desde IFS, su aporte no pierde valor. Al contrario: puede ampliarse de una forma especialmente útil para quienes quieren comprenderse mejor y relacionarse consigo mismos con más claridad y compasión.

La vergüenza crónica no es solo pensar mal de uno mismo

Uno de los grandes méritos de DeYoung es mostrar que la vergüenza crónica no equivale simplemente a una creencia del tipo “no valgo” o “soy inferior”. Es algo más vivido, más corporal y más totalizante.

La persona no solo piensa que hay algo mal en ella: muchas veces lo siente como una verdad profunda.

Puede manifestarse como pequeñez, vacío, exposición, defectuosidad o imposibilidad de descansar en el vínculo con otros. A veces aparece como retraimiento e inhibición. Otras veces se esconde detrás de la rabia, el perfeccionismo, la necesidad de agradar, la autoexigencia, la ansiedad social o la sensación de ser un impostor.

En este punto, DeYoung ayuda a nombrar con mucha precisión algo que muchas personas padecen sin llegar a entender del todo.

Una herida que nace en la relación

Quizá la idea central del libro sea esta: la vergüenza crónica no nace principalmente de la autoevaluación, sino de la experiencia relacional.

DeYoung plantea que muchas personas con vergüenza crónica no recuerdan necesariamente escenas explícitas de humillación. Lo que suele aparecer es otra cosa: una historia de falta de sintonía emocional. No haber sido suficientemente visto, comprendido, regulado o recibido en momentos importantes del desarrollo.

No siempre hubo maltrato evidente. A veces hubo algo más difícil de detectar: una ausencia persistente de encuentro. Un entorno que, por distintas razones, no ofreció la calidad de conexión que el niño necesitaba para organizar un sentido más estable y digno de sí mismo.

Este punto me parece especialmente valioso porque saca la vergüenza del terreno del defecto personal y la coloca en un contexto más humano y comprensible. La vergüenza crónica no aparece porque alguien sea débil o porque se complique demasiado. Tiene historia. Tiene raíces relacionales.

Lo que IFS aporta para entenderla mejor

Aquí la mirada de IFS resulta especialmente iluminadora.

IFS permite comprender que la vergüenza crónica no define a toda la persona, aunque pueda impregnar gran parte de su vida. Lo que suele haber no es una identidad homogénea de vergüenza, sino un sistema interno organizado alrededor de ese dolor.

Desde esta perspectiva, puede haber:

  • partes exiliadas que cargan vergüenza, humillación o sensación de no valer;
  • partes protectoras que intentan impedir que ese dolor se reactive;
  • y estrategias internas que, vistas desde afuera, pueden parecer problemáticas, pero que en realidad buscan evitar un sufrimiento más profundo.

Así, detrás del perfeccionismo puede haber una parte que intenta evitar que la persona vuelva a sentirse defectuosa. Detrás de la complacencia, una parte que teme perder el vínculo. Detrás de la rabia, una protección contra el colapso vergonzante. Detrás del retraimiento, un intento de no exponerse a nuevas experiencias de rechazo o desregulación.

Esta mirada cambia mucho la pregunta. En lugar de pensar “¿qué tengo de malo?”, podemos empezar a preguntarnos: “¿qué partes de mí están cargando este dolor y cuáles están tratando de protegerme de él?”

Ese cambio ya abre una vía de autoconocimiento mucho más precisa y más amable.

Un aporte central de DeYoung

DeYoung insiste en algo muy importante: esta herida no puede entenderse solo como un pensamiento distorsionado. Tiene una dimensión implícita, corporal, relacional y muy temprana. Eso es profundamente compatible con lo que muchas personas descubren en su propio proceso: hay vergüenzas que no se resuelven simplemente pensando distinto.

Uno puede entender racionalmente que no vale menos que otros y, sin embargo, sentir en ciertas situaciones una contracción interna muy fuerte, una caída del sentido de sí, una necesidad de esconderse, endurecerse o desaparecer.

Ahí DeYoung hace una contribución muy fina: algunas heridas no están organizadas solo en el plano de las ideas conscientes. Están encarnadas. Están asociadas a experiencias tempranas de no haber sido suficientemente sostenido o sintonizado.

Ese aporte merece ser valorado, porque ayuda a no banalizar el sufrimiento ni reducirlo a consejos rápidos.

Lo que IFS añade: no todo en nosotros está tomado por la vergüenza

Al mismo tiempo, IFS aporta algo decisivo: aunque haya partes muy cargadas de vergüenza y protectores muy condicionados por ella, no toda la persona es esa herida.

Esta diferencia es fundamental.

Cuando alguien vive desde la vergüenza crónica, es fácil sentir que esa vergüenza dice la verdad última sobre quién es. IFS introduce otra posibilidad: que exista en la persona una capacidad de presencia, claridad, curiosidad y compasión que no está destruida, aunque a veces quede tapada por las partes.

No se trata de negar la profundidad del sufrimiento. Se trata de no identificar a toda la persona con él.

Eso abre una esperanza sobria pero real. Si una parte carga vergüenza, esa parte puede empezar a ser conocida. Y si otra parte la protege, también puede ser comprendida. Ya no estamos ante una condena total de la identidad, sino ante un sistema interno que encontró ciertas formas de organizarse para sobrevivir.

La vergüenza también vive escondida en los protectores

Muchas veces la vergüenza no aparece de forma obvia. No se presenta diciendo “me siento indigno”. Se presenta como necesidad de hacerlo todo perfecto, miedo excesivo a equivocarse, dificultad para mostrarse espontáneamente, dureza consigo mismo, racionalización constante, irritabilidad, evitación del contacto o incapacidad para recibir aprecio genuino.

Es decir, la vergüenza suele venir protegida.

Por eso, en IFS no conviene apresurarse a buscar directamente la herida. Antes suele ser necesario reconocer y respetar a las partes que han organizado la vida para no volver a sentir ese derrumbe interno. Esas partes no son el problema. Son intentos de solución.

Visto así, el trabajo interior se vuelve más humano. En lugar de pelear con la exigencia, la evitación o la rigidez, podemos empezar a preguntarnos qué están tratando de impedir y qué dolor más profundo están intentando mantener fuera de escena.

¿La vergüenza crónica se cura?

Aquí conviene ser prudentes.

DeYoung es cauta. Su lenguaje apunta más a desarrollar resiliencia frente a la vergüenza que a hablar de una cura total. Y creo que en eso hay una honestidad clínica valiosa. Algunas heridas relacionales tempranas dejan marcas profundas, y no hace falta prometer transformaciones mágicas para ofrecer esperanza.

Al mismo tiempo, leído desde IFS, ese punto puede matizarse de una forma esperanzadora. Tal vez no siempre sea realista hablar de la desaparición completa de toda vulnerabilidad vergonzante. Pero sí parece posible que una persona deje de estar gobernada por ella de manera invisible y automática. Es posible que ya no se desintegre del mismo modo cuando la vergüenza aparece. Es posible que sus protectores no tengan que trabajar con tanta desesperación. Es posible que surja una relación distinta con las partes que la cargan.

Y eso puede transformar profundamente una vida.

Del juicio al autoconocimiento

El diálogo entre DeYoung e IFS resulta valioso porque ayuda a pasar de una idea muy dolorosa a una comprensión mucho más fecunda.

La idea dolorosa es:
“Algo está mal en mí.”

La comprensión más fecunda podría ser esta:
“Hay una historia relacional detrás de lo que siento. Hay partes mías que cargan vergüenza. Hay otras que me protegen de sentirla. Y tal vez pueda empezar a relacionarme con todo eso de otra manera.”

Ese pasaje cambia el tono entero del trabajo interior.

La vergüenza deja de ser una prueba de defecto y empieza a mostrarse como una experiencia que puede ser comprendida, acompañada y transformada en alguna medida.

Una lectura valiosa para terapeutas y para cualquier persona que quiera comprenderse mejor

Aunque el libro de DeYoung está dirigido principalmente a terapeutas, su valor va más allá del ámbito clínico. Ayuda a pensar algo profundamente humano: cómo ciertas formas tempranas de no haber sido suficientemente encontrados por otros pueden dejar en nosotros una sensación persistente de no poder descansar del todo en quienes somos.

Leído desde IFS, ese aporte se vuelve todavía más útil. No solo ayuda a entender de dónde puede venir la vergüenza crónica, sino también cómo puede estar organizada en nuestro mundo interno y cómo empezar a acercarnos a ella sin quedar atrapados en más juicio.

Quizá ese sea uno de los mayores aportes de poner ambas miradas en diálogo: ayudarnos a ver que detrás de mucha autoexigencia, retirada, dureza o ansiedad no hay un defecto esencial, sino un sistema que ha estado intentando sobrevivir a una herida relacional profunda.

Y cuando eso empieza a comprenderse, algo ya empieza a cambiar.

Un proceso personal guiado, paso a paso, con IFS

A veces no alcanza con leer sobre IFS o comprender algunas ideas de forma general. También puede hacer falta una experiencia más concreta, más ordenada y más gradual para empezar a observar lo que pasa por dentro con mayor claridad.

Esta propuesta nace con ese propósito.

Se trata de un proceso personal guiado, paso a paso, pensado para quienes desean conocerse mejor, reconocer algunos de sus patrones internos y comenzar un trabajo personal de una manera más clara y cuidada.

No se trata solo de teoría.
No se trata solo de inspiración.
Se trata de ofrecer un recorrido.

¿Qué encontrarás aquí?

Este proceso estará organizado por niveles.

El primero propone seis pasos iniciales:

  • Llegar
  • Notar
  • Diferenciar
  • Reconocer
  • Relacionarte distinto
  • Orientarte

La intención no es resolverlo todo enseguida ni forzar un trabajo interno para el que todavía no hay suficiente claridad.

La propuesta es más simple y más realista: empezar a observar mejor lo que pasa por dentro, reconocer algunas reacciones frecuentes y ganar un poco más de orientación sobre cómo seguir.

¿Para quién está pensado?

Para personas que quieren comenzar un camino de autoexploración con una guía clara y gradual.

No hace falta experiencia previa.
No hace falta conocer en profundidad el modelo IFS.
No hace falta tener todo resuelto para empezar.

Hace falta, simplemente, cierta disposición a avanzar paso a paso.

¿Por qué esta propuesta?

Porque muchas veces hace falta algo intermedio entre leer un libro y comenzar un proceso acompañado.

Algo que ayude a pasar de la idea a la experiencia.
Algo que permita observar, registrar, reconocer y orientarse mejor.
Algo que ofrezca una estructura sin volverse rígido.

Eso es lo que este recorrido busca facilitar.

Primer nivel

El Primer nivel ya empieza a tomar forma como una puerta de entrada a esta experiencia.

Su propósito es ayudar a detenerse un momento, notar mejor lo que está pasando por dentro, empezar a diferenciar algunas reacciones internas, reconocer ciertos patrones y orientarse un poco más respecto a cómo seguir.

Una invitación a empezar

Quienes sientan que esta propuesta puede serles útil, ya pueden comenzar por el Primer Nivel del Proceso Personal Paso a Paso con IFS y avanzar a su ritmo.

Acceso al recorrido

Una vez dentro, podrás acceder al inicio del proceso guiado y avanzar paso a paso.