Cuando una parte no quiere dar un paso atrás

En IFS solemos hablar de la importancia de tomar un poco de distancia interna respecto de una parte activada. A veces se lo formula como pedirle a la parte que “dé un paso atrás”, para que la persona pueda relacionarse con ella desde más curiosidad, calma o claridad.

Pero esta invitación no siempre es recibida como esperamos.

Como señala Joanne Twombly en su trabajo sobre IFS, trauma y disociación, esta formulación no se recomienda para personas que han vivido abandono, trauma o negligencia. Para algunas partes, “dar un paso atrás” puede sonar extraño, ofensivo o directamente amenazante. La parte puede no entender qué se le está pidiendo. Puede sentir que se la quiere apartar, controlar, silenciar o sacar del medio.

Y hay algo más profundo: una parte que se formó donde nadie sostenía nada no tiene ningún motivo para creer que alguien va a sostener si ella afloja. Dar un paso atrás, para esa parte, no es colaborar: es dejar el puesto vacío otra vez.

Por eso, no siempre alcanza con aplicar el protocolo de manera directa. Una cosa es que, desde el lenguaje técnico del modelo, sepamos que necesitamos un poco de desmezcla. Otra muy distinta es cómo esa invitación llega a la experiencia viva de la persona y de sus partes.

Una parte no siempre sabe que es “una parte”. A veces simplemente se vive como miedo, enojo, vergüenza, urgencia, control, angustia o defensa. Antes de pedirle que se aparte, quizá necesitamos ayudar a la persona a notar que algo está presente y que no vamos a intentar cambiarlo de inmediato.

En vez de comenzar con “pídele que dé un paso atrás”, puede ser más cuidadoso empezar con algo mucho más simple:

“Nota dónde se siente eso en el cuerpo.”

“No intentes cambiarlo. Solo date cuenta de que está.”

“Mira si hay algo en ti que no quiere moverse de ahí.”

“Observa si aparece un poquito de curiosidad, aunque sea mínima.”

Este tipo de lenguaje no exige nada. No empuja. No le pide a la experiencia interna que se organice rápidamente según el mapa de IFS. Primero crea un clima de respeto, de observación y de no invasión.

Luego, si la persona puede reconocer algo de separación, podemos avanzar un poco más:

“Parece que hay una parte tuya activada ahí, ¿verdad? ¿Cómo te cae?”

Esta pregunta es importante, porque no damos por sentado que la persona ya está en Self. Tal vez hacia esa parte haya rechazo, miedo, impaciencia, vergüenza, cansancio o ganas de que desaparezca. Y eso también es información. En IFS, lo que sentimos hacia una parte suele mostrar la presencia de otras partes.

Si aparece aunque sea un poco de curiosidad, podemos apoyarnos en eso:

“Fíjate si hay un poquito de curiosidad hacia ella, aunque sea mínima. Con eso alcanza.”

Y recién entonces, si parece adecuado, podemos formular la invitación de una manera más segura:

“Pregúntale si puede relajarse un poco y darte algo de espacio, no para que se vaya, sino para que puedas conocerla y escucharla mejor.”

La diferencia es sutil, pero muy importante. No se trata de sacar a la parte del medio. No se trata de vencerla ni de hacerla desaparecer. Se trata de transmitirle que no necesita ocupar todo el espacio para ser escuchada.

También puede ayudar decir:

“Déjale saber que no vas a hacerle nada. Que no quieres forzarla, corregirla ni apartarla. Solo quieres mirarla mejor y conocerla.”

A veces esto ya cambia algo. No porque la parte obedezca, sino porque empieza a recibir una señal distinta: no hay presión, no hay expulsión, no hay castigo. Hay interés.

Si aparece algo hacia ella —curiosidad, ternura, respeto, agradecimiento, o todavía nada claro— conviene nombrarlo con honestidad:

“Veo que estás, y todavía no sé bien qué siento hacia ti.”

Eso también sirve. No hace falta fabricar compasión. No hace falta apurarse a sentir cariño. En muchos casos, la honestidad cuidadosa es más segura que una frase terapéuticamente correcta pero emocionalmente falsa.

Y si aparecen otras partes, el proceso no debería pasar por encima de ellas. Tal vez surge una parte que desconfía, una que se impacienta, una que quiere hacerlo bien, una que se avergüenza, una que no quiere mirar nada. En ese caso, también podemos detenernos.

Podemos notarlas, reconocer que están ahí, preguntar qué intentan evitar o proteger, y agradecer —si se siente verdadero— la intención protectora que traen. Antes de cambiar de foco, es importante comprobar que la parte inicialmente contactada no se sienta abandonada otra vez. Algo tan simple como:

“Vamos a mirar un momento a esta otra parte que apareció, pero no te estamos dejando. Ya vimos que estás aquí.”

En este sentido, la desmezcla no es una maniobra técnica para que una parte se retire. Es una construcción gradual de confianza.

A veces una parte puede dar espacio. A veces no. A veces necesita primero comprobar que no será apartada, ridiculizada, interpretada o forzada a colaborar. Por eso, en un IFS informado por trauma, no solo importa qué intervención hacemos. Importa cómo puede ser recibida por la parte que está escuchando.

Y a veces el paso más terapéutico no es avanzar, sino quedarnos lo suficiente como para que algo interno note:

“Esta vez no me están echando.”


Referencia principal: Joanne H. Twombly, Trauma and Dissociation Informed Internal Family Systems: How to Successfully Treat C-PTSD and Dissociative Disorders, capítulo 2.

Deja un comentario