Miraba demasiado afuera

A Clara no le gustaba cómo se sentía por dentro.

No era angustia.

Era desorden.

Había ruido interno, contradicciones, impulsos que no se ponían de acuerdo.

Cuando eso aparecía, miraba a otros:

cómo hablaban,

cómo parecían seguros,

cómo mostraban equilibrio.

Pensaba que ahí estaba la clave.

Con el tiempo se cansó.

Después de cada consejo, el caos seguía ahí.

Un día dejó de buscar referencias y, casi sin querer, llevó la atención hacia sí misma.

No para ordenarse,

sino porque ya no tenía adónde ir.

Y notó algo inesperado:

aun en medio del desorden,

había una presencia más estable,

una forma de estar que no empujaba ni exigía.

No resolvía todo.

Pero daba un poco de orden,

un poco de equilibrio,

y una sensación discreta de esperanza.

Clara no encontró respuestas afuera.

Encontró algo mejor:

una sabiduría propia,

una armonía posible,

una luz que no dependía de nadie más.

Desde modelos como IFS, este tipo de experiencia no se fuerza.

Se acompaña.

El trabajo no consiste en eliminar el caos interno,

sino en aprender a relacionarse con él

desde una presencia más clara y no reactiva.

Deja un comentario