Guía para elegir tu terapia

Muchas personas buscan ayuda psicológica sin saber que existen diferentes tipos de terapias. Cada una tiene su propio estilo y puede servir para necesidades distintas.

Algunas se enfocan más en la mente y los recuerdos, otras en el cuerpo y las sensaciones, y otras en la relación y el apego. Conocer estas diferencias puede ayudarte a elegir con más claridad la terapia que mejor se ajuste a lo que estás viviendo.


1. Terapias de la mente (pensamientos y recuerdos)

  • Ejemplos: EMDR, Terapias cognitivas, Terapia de Procesamiento Cognitivo (CPT).
  • Cómo funcionan: ayudan a reprocesar recuerdos dolorosos que vuelven una y otra vez y a cuestionar creencias negativas como “no valgo” o “es mi culpa”.
  • Pueden servirte si: lo que más te duele son recuerdos intrusivos, pesadillas, flashbacks o pensamientos que se repiten y no podés soltar.

2. Terapias del cuerpo (sensaciones y sistema nervioso)

  • Ejemplos: Somatic Experiencing, Terapia Sensoriomotriz, teoría polivagal, Brainspotting.
  • Cómo funcionan: trabajan con las sensaciones físicas donde el trauma quedó guardado. Buscan regular la respiración, la tensión muscular y las respuestas de sobresalto o bloqueo.
  • Pueden servirte si: tu cuerpo reacciona con ansiedad, rabia, insomnio, dolores o congelamiento ante ciertas situaciones, y sentís que no alcanza con “entender” lo que te pasa.

3. Terapias de la relación (apego y vínculo)

  • Ejemplos: AEDP, EFT.
  • Cómo funcionan: se centran en sanar heridas emocionales ligadas a sentirte solo, rechazado o no valorado. Lo fundamental es el vínculo con el/la terapeuta: vivir en la sesión una experiencia de aceptación y acompañamiento que quizá faltó en tu historia.
  • Pueden servirte si: lo que más te duele es la sensación de soledad, de no ser suficiente o de no poder confiar en las relaciones.

Nota: En el Río de la Plata el psicoanálisis tiene una presencia histórica muy fuerte. No lo incluí en estos tres ejes porque su foco es diferente —la exploración del inconsciente y la transferencia—, mientras que esta guía apunta sobre todo a terapias usadas hoy en el trabajo con trauma.


4. Cómo saber cuál elegir

No hay una terapia “mejor” que otra: cada enfoque abre una puerta distinta para sanar. Podés guiarte con estas preguntas:

  • ¿Mi problema principal está más en los recuerdos que me persiguen, en mi cuerpo que se activa demasiado, o en sentirme solo y no aceptado?
  • ¿Me gustaría un enfoque más estructurado, más corporal o más relacional?
  • ¿Prefiero un proceso breve y focalizado o uno más abierto en el tiempo?

5. La relación cuenta más que la técnica

Más allá del enfoque, lo más importante es cómo te sentís con la persona que te atiende:

  • ¿Me escuchó de verdad?
  • ¿Me sentí comprendido y respetado?
  • ¿Pude ser yo mismo/a sin miedo a juicios?

Si la respuesta es “sí”, probablemente encontraste un buen lugar para vos.


IFS: una herramienta transversal

El modelo Internal Family Systems (IFS) tiene una particularidad: puede moverse de manera bastante transversal entre los tres ejes. Permite trabajar con recuerdos y creencias dolorosas, explorar sensaciones en el cuerpo y, al mismo tiempo, sanar las heridas de apego a través de la relación entre el Self y las partes internas.

Todo esto se sostiene en la base del Enfoque Centrado en la Persona, que confía en que la aceptación, la empatía y la autenticidad son la mejor tierra para que cualquier proceso de sanación pueda florecer.

Por eso, más allá de la técnica que elijas, lo esencial es que encuentres un espacio donde te sientas acompañado de una forma respetuosa, segura y liberadora.

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