Abogados, mediadores y partes internas: una mirada IFS sobre el conflicto
Cuando las partes llegan a la mesa: cómo el modelo IFS puede ayudar a comprender la ambivalencia, la defensividad y la toma de decisiones en mediación y otros contextos legales
Cuando dos personas llegan a una mediación, no llegan solas.
Llegan con sus argumentos, sus intereses y su historia. Pero también pueden llegar con partes que quieren ganar, partes que temen perder, partes que necesitan ser reconocidas, partes preocupadas por el dinero, partes heridas por una injusticia y otras que simplemente quieren que todo termine de una vez.
Esta forma de mirar el conflicto está en el centro de una conversación especialmente interesante entre Tammy Sollenberger, creadora del podcast The One Inside, y David Hoffman, abogado, mediador y docente de Harvard Law School, quien desde hace años explora la aplicación del modelo Internal Family Systems (IFS) al mundo de la mediación y la práctica jurídica.
La propuesta de Hoffman resulta atractiva precisamente porque no intenta convertir a abogados o mediadores en terapeutas. Lo que plantea es algo diferente: utilizar la comprensión de la multiplicidad interna para escuchar mejor el conflicto, reconocer qué está protegiendo cada posición y favorecer decisiones menos dominadas por la reactividad.
La negociación empieza antes de sentarnos a negociar
Hoffman cuenta que llegó a IFS casi por casualidad.
Su esposa, Beth, era terapeuta y se había formado directamente con Richard Schwartz. Ella estaba entusiasmada con el modelo, pero Hoffman no lograba ver qué relación podía tener aquello de las “partes” con su trabajo como abogado.
La conexión apareció cuando fue invitado a participar en un simposio sobre “negociación interna”.
Entonces comprendió algo que cambiaría su manera de mirar los conflictos: antes de negociar con otra persona, con frecuencia ya estamos negociando dentro de nosotros mismos.
Una parte quiere aceptar el acuerdo.
Otra piensa que aceptar sería ceder.
Una quiere terminar cuanto antes.
Otra necesita demostrar que tenía razón.
Una teme las consecuencias económicas de continuar.
Otra considera intolerable retirarse sin que se reconozca la injusticia.
Lo que desde fuera puede parecer indecisión, incoherencia o irracionalidad puede adquirir otro sentido cuando reconocemos que no necesariamente hay una sola posición dentro de una persona.
Hoffman recuerda una frase del terapeuta de IFS Mike Elkin que resume provocativamente esta realidad:
“Todo el mundo es ambivalente sobre todo, todo el tiempo.”
No hace falta tomar la frase literalmente para reconocer algo cotidiano: podemos querer cosas distintas al mismo tiempo.
Una mujer, un juicio y dos necesidades legítimas
Uno de los ejemplos más claros que relata Hoffman ocurrió durante una mediación por discriminación de género.
Una mujer había sido despedida con el argumento de que su puesto desaparecería, aunque posteriormente un hombre fue contratado para realizar funciones similares bajo otro título. El caso era fuerte y la empresa terminó ofreciendo 250.000 dólares para alcanzar un acuerdo.
Pero ella no podía decidir.
Por un lado, era el principal sostén económico de su familia. Continuar el litigio podía significar años de incertidumbre, gastos jurídicos, hipoteca y preocupación.
Por otro, había algo profundamente importante para ella en llevar el caso hasta el final: defender sus derechos y, de alguna manera, también los de otras mujeres.
Hoffman no intentó convencerla de cuál de esas posiciones era la correcta.
Nombró ambas.
Le señaló que parecía haber una parte que quería continuar la lucha y otra muy preocupada por las consecuencias prácticas para su familia.
Luego introdujo una imagen sencilla: la posibilidad de que existiera dentro de ella una especie de “mediador interno” capaz de escuchar las distintas posiciones y ayudarla a encontrar una decisión que se sintiera verdaderamente propia.
Después de permanecer un momento en silencio, la mujer decidió aceptar el acuerdo.
Para Hoffman, aquel momento modificó su comprensión de su función como mediador. Su trabajo no tenía que consistir en conseguir que alguien aceptara un acuerdo, sino en crear condiciones para que pudiera tomar una decisión con mayor claridad y autonomía.
El mediador interno
La expresión es una metáfora de Hoffman, no un nuevo concepto técnico dentro de IFS.
Pero describe muy bien algo central del modelo.
En IFS hablamos del Self, una presencia que puede relacionarse con las diferentes partes sin tener que eliminar ninguna de ellas. Desde Self puede aparecer más curiosidad, perspectiva, calma, claridad o compasión.
El “mediador interno” de Hoffman traduce esa idea a un lenguaje particularmente apropiado para contextos de negociación.
No se trata de preguntarse:
“¿Cuál de mis partes tiene razón?”
sino de generar suficiente espacio interno como para preguntar:
“¿Qué intenta proteger cada una?”
Una parte puede estar defendiendo la justicia.
Otra, la seguridad económica.
Otra, la dignidad.
Otra, la necesidad de terminar con el desgaste.
Tal vez ninguna de ellas necesite desaparecer para poder tomar una decisión.
Cuando aparecen las “partes gladiadoras”
Hoffman utiliza otra expresión muy gráfica: las partes gladiadoras.
Son aquellas que entran en escena preparadas para luchar, defender, atacar, demostrar, vencer o evitar ser derrotadas.
En una mediación de divorcio, por ejemplo, describe a un hombre que estaba difamando intensamente a su exesposa entre vecinos, amigos y familiares.
Desde fuera, era fácil juzgar su comportamiento.
La perspectiva de IFS no convierte esa conducta en aceptable. Pero permite formular otra pregunta: ¿qué está intentando hacer esa parte?
Hoffman comprendía aquella reacción como un intento extremo de manejar sentimientos de rechazo, humillación y falta de valor. Sus protectores estaban respondiendo al dolor mediante el ataque.
Esta distinción es importante.
Comprender la intención protectora de una conducta no significa justificar la conducta.
Podemos establecer límites, exigir responsabilidades e incluso considerar determinadas acciones inaceptables y, al mismo tiempo, intentar comprender qué lleva a una persona a actuar de esa manera.
IFS introduce así una separación muy fértil entre la persona y la parte que está dominando la situación.
“¿Quién es el bueno y quién es el malo?”
Mike Elkin planteaba otra observación que Hoffman recupera en la conversación.
Cuando una pareja entra en conflicto, decía, muchas veces cada persona busca algo que va más allá de resolver el problema: quiere conservar su propia inocencia.
Quiere seguir sintiéndose una buena persona.
Cuando alguien escucha que es mal padre, mala madre, mala pareja, egoísta o injusto, determinadas partes pueden reaccionar inmediatamente tratando de demostrar que el verdadero responsable es el otro.
Así comienza fácilmente una escalada:
“Yo hice esto porque el otro hizo aquello.”
“Pero fue la otra persona quien empezó.”
“Si reaccioné así fue por lo que hizo antes.”
Cada intervención intenta preservar una imagen de uno mismo y desplazar la culpa hacia afuera.
Desde esta perspectiva, Hoffman puede decirle a una pareja que parece estar conversando a través de sus partes gladiadoras y preguntar si esas partes estarían dispuestas a retroceder un poco —sin desaparecer ni renunciar a su función protectora— para permitir que otras capacidades participen de la conversación.
La “razón razonable” detrás de lo que parece irracional
Una de las ideas más interesantes de la entrevista es la búsqueda de lo que Hoffman llama la “razón razonable” detrás de una conducta aparentemente irracional.
Cuenta el caso de una empresa demandada por un antiguo directivo.
La contraparte estaba dispuesta a cerrar el litigio por 100.000 dólares. Continuar hasta un juicio podía costarle a la empresa unos 200.000 dólares solamente en honorarios.
Desde una lógica estrictamente económica, llegar a un acuerdo parecía evidente.
Sin embargo, el presidente de la empresa prefirió gastar más dinero en el juicio antes que pagar una suma menor a alguien a quien consideraba injusto con la compañía.
Podríamos concluir simplemente que estaba tomando una decisión irracional.
Pero había otra variable: necesitaba vindicación.
Un acuerdo económico podía terminar el litigio, pero no necesariamente respondía a la necesidad de que alguien estableciera quién tenía razón.
Finalmente fueron a juicio y ganaron.
El ejemplo no demuestra que siempre debamos seguir nuestros impulsos de justicia ni que rechazar acuerdos sea una buena estrategia. Muestra algo diferente: si ignoramos la necesidad que sostiene una posición, podemos no entender realmente la decisión que una persona está intentando tomar.
Validar una parte puede cambiar la conversación
Otro momento sencillo de la entrevista muestra hasta qué punto nombrar una parte puede disminuir la defensividad.
En una mediación de divorcio, una mujer estaba preocupada porque Hoffman pudiera considerarla codiciosa debido a su insistencia en determinadas cuestiones económicas.
En lugar de tranquilizarla diciendo que no lo era, Hoffman normalizó la existencia de una parte preocupada por el dinero.
Todos tenemos partes que atienden nuestra seguridad económica, señaló, y probablemente nos iría bastante mal si ninguna se ocupara de ella.
También recordó que esa mujer tenía otras partes: algunas profundamente comprometidas con sus hijos y otras interesadas en mantener una relación razonable con su exmarido.
Mientras hablaba, Hoffman vio que el marido escribía rápidamente y temió que estuviera preparando una respuesta hostil.
No era así.
El hombre estaba tomando notas porque reconocía exactamente el mismo fenómeno dentro de sí.
La multiplicidad había dejado de ser una acusación.
Se había convertido en un lenguaje compartido para entenderse.
IFS en mediación no es psicoterapia
Este punto merece especial atención.
Hoffman establece con claridad una frontera profesional.
Un abogado o mediador que utiliza principios de IFS no está realizando el trabajo terapéutico completo del modelo. No se propone acceder deliberadamente a exiliados, procesar trauma o realizar procesos de liberación de cargas.
Puede reconocer protectores.
Puede validar sus preocupaciones.
Puede ayudar a disminuir la defensividad.
Puede introducir el lenguaje de las partes.
Puede revisar desde qué lugar interno está realizando una pregunta.
Pero si aparece espontáneamente una experiencia profundamente vulnerable, la tarea consiste en recibirla con cuidado sin convertir una mediación en una sesión de psicoterapia.
La distinción resulta especialmente valiosa porque muestra que un modelo puede ofrecer una manera de comprender a las personas sin que todos quienes utilizan esa perspectiva tengan que asumir el rol de terapeutas.
El mediador también tiene partes
IFS tampoco coloca al profesional fuera del sistema.
Hoffman habla de aprender a reconocer sus propios protectores cuando una contraparte, un abogado o un juez se vuelve especialmente difícil.
Porque el conflicto no activa solamente las partes de los clientes.
También puede activar las del mediador.
Puede aparecer una parte que quiere resolver rápidamente.
Otra que necesita que las personas sean razonables.
Una que teme perder el control de la reunión.
Una que se irrita con alguien.
Una que quiere demostrar que es un buen profesional consiguiendo finalmente el acuerdo.
Desde una perspectiva IFS, por lo tanto, una de las herramientas más importantes del mediador no consiste solamente en reconocer las partes de los demás, sino también en advertir desde qué lugar está interviniendo él mismo.
La curiosidad genuina es muy diferente de una pregunta formulada por una parte que ya decidió quién tiene razón.
De “¿qué tiene de malo?” a “¿qué le sucedió?”
Hacia el final del episodio, Hoffman describe un cambio más profundo en su manera de mirar a las personas difíciles.
Antes de conocer IFS, cuenta, intentaba comprender determinados comportamientos recurriendo a categorías diagnósticas.
Con el tiempo comenzó a orientarse hacia otra pregunta.
En el material que acompaña esta entrevista el contraste aparece resumido de manera muy gráfica:
“¿Qué tiene de malo esta persona?”
frente a
“¿Qué le sucedió a esta persona?”
No es necesario convertir esto en una oposición entre diagnóstico y comprensión, ni negar que los diagnósticos puedan tener utilidad clínica.
Lo interesante es el cambio de posición.
Ante una persona difícil podemos quedarnos solamente con la conducta que tenemos delante o podemos preguntarnos también qué historia, qué miedo, qué herida o qué necesidad protectora puede estar organizándola.
Quizá esa pregunta no resuelva automáticamente el conflicto.
Pero probablemente transforme la manera en que entramos en él.
Cuando las partes llegan a la mesa
La contribución más interesante de Hoffman quizá no sea una técnica determinada.
Es una manera distinta de mirar una negociación.
En una mesa de mediación puede haber dos personas y, sin embargo, muchas voces: la que quiere justicia, la que necesita seguridad y la que no está dispuesta a perder.
Tal vez mediar no consista siempre en conseguir que alguna de ellas gane sobre las demás.
Puede consistir, primero, en escuchar suficientemente bien qué intenta proteger cada una.
Y quizás entonces aparezca algo más parecido a ese “mediador interno” del que habla Hoffman: un lugar desde el cual podamos tomar decisiones sin expulsar ninguna de nuestras voces, pero sin permitir tampoco que una sola de ellas decida por todo el sistema.
Para seguir explorando
Este artículo surgió a partir de la conversación “Resolving Conflict Using IFS with David Hoffman”, episodio 215 de The One Inside, conducido por Tammy Sollenberger.
Escuchar el episodio original de The One Inside
También preparé una traducción completa al español de la conversación, organizada por tramos temáticos.