A menudo pensamos que vemos el mundo tal como es, pero ¿y si te digo que cada uno de nosotros lo ve a través de un filtro?
Este filtro está teñido por nuestras propias experiencias pasadas. En este artículo, exploraremos cómo nuestras experiencias dejan una impronta en nuestras partes internas y cómo estas, al activarse, tiñen nuestra percepción del mundo, afectando profundamente nuestra forma de sentir, pensar y actuar.
- La Impronta de la Experiencia:
Nuestras experiencias pasadas no se desvanecen simplemente; dejan marcas duraderas. Imagina que cada experiencia pinta una pincelada en un lienzo interno. Con el tiempo, este lienzo se llena de colores que representan partes de nosotros: algunas protectoras, otras exiliadas. Cada una de estas partes tiene su propia historia y su propia manera de ver el mundo.
Las experiencias emocionales intensas y nuestras creencias más arraigadas tienen una influencia tan profunda que tiñen de manera permanente algunas de estas partes. Como si fuesen hebras de diversos colores, estas partes teñidas configuran un tapiz interno que determina cómo vemos y respondemos al mundo. Emociones como el miedo, la alegría o la tristeza, y creencias sobre nosotros mismos y los demás, actúan como los tintes que colorean estas hebras. Por ejemplo, una experiencia de rechazo podría teñir una parte de nosotros con un color de vulnerabilidad, haciendo que reacciones futuras estén cargadas de cautela excesiva o de miedo a ser nuevamente rechazados.
- Activación de las Partes:
Cuando una parte se activa o se mezcla con nuestro ser, colorea nuestra percepción del mundo actual. Esto significa que no solo recordamos una experiencia pasada, sino que la sentimos y reaccionamos a las situaciones presentes como si el pasado estuviera ocurriendo de nuevo. Esta reactivación puede hacer que nuestras respuestas sean menos sobre el momento presente y más sobre un intento de protegernos de heridas antiguas. - La Percepción y su Color:
Así como un artista elige sus colores con intención, nuestras partes internas tiñen nuestra percepción de la realidad basadas en el «color» de nuestras experiencias previas. Esta coloración puede distorsionar cómo interpretamos las acciones de los demás, cómo respondemos a los desafíos y cómo nos vemos a nosotros mismos. Lo que es crucial entender es que, aunque estas percepciones pueden sentirse absolutamente reales, a menudo son reflejos de nuestras experiencias pasadas más que de la realidad actual.
A veces, tenemos filtros fijos que no cambian, pero según lo que estemos observando, será el filtro que se activa, y así vamos cambiando de filtro según la situación o lo que estemos observando.
La clave es notar ese filtro en cada circunstancia: ¿qué filtro nos está influyendo? ¿Cómo lo notamos? ¿Se siente en el cuerpo? ¿Cómo piensa? ¿Qué emociones tiene?
Reconocer que «no vemos el mundo color de rosa, sino del color de nuestra experiencia pasada» nos abre una puerta hacia la libertad. Nos permite entender que nuestras reacciones y percepciones están fuertemente influenciadas por partes internas que pueden no ser plenamente conscientes. Este entendimiento es el primer paso para cambiar cómo interactuamos con el mundo.
Te invito a reflexionar sobre los colores con los que ves tu mundo. ¿Qué partes de ti están influyendo en tu percepción?
En otros artículos exploramos cómo podemos alcanzar un estado interno de calma y centrarnos más en nuestra esencia para vivir con todos nuestros recursos a disposición.