Cuando buscamos ayuda terapéutica, suele surgir la pregunta: ¿qué método es más efectivo? La realidad es que cada enfoque terapéutico tiene sus fortalezas y particularidades. Hoy te invito a explorar las diferencias entre dos métodos muy populares: la Terapia de Sistemas Familiares Internos (IFS) y la Terapia Cognitivo-Conductual (CBT).
Dos enfoques nacidos de la necesidad
Tanto IFS como CBT nacieron de observar las limitaciones de terapias anteriores. Aaron Beck desarrolló la Terapia Cognitivo-Conductual al notar que muchos pacientes deprimidos eran víctimas de sus propios pensamientos críticos internos. Su objetivo fue claro: ayudar a reemplazar esos pensamientos negativos por otros más realistas y positivos.
Richard Schwartz, en cambio, creó IFS al descubrir que dentro de cada persona existen múltiples partes internas, con distintas motivaciones e intenciones, que necesitan atención y cuidado especial.
¿Cuál es el problema central según cada terapia?
CBT propone que la raíz de los problemas psicológicos está en los pensamientos negativos o irracionales. Por eso, sus técnicas buscan cambiar activamente estos pensamientos por otros más racionales y constructivos.
IFS, por otro lado, considera que detrás de esos pensamientos negativos hay «partes internas» que intentan protegernos del dolor emocional, generado por heridas o traumas del pasado. La meta no es eliminar esas partes, sino comprenderlas, validarlas y ofrecerles alternativas para resolver la situación que tratan de manejar, incluso propiciando una sanación desde el núcleo compasivo y sereno llamado «Self».
Narrativas internas y quién es el «yo»
En CBT, el «yo» es singular. Cuando decimos «yo quiero» o «yo no puedo», nos referimos a una identidad única. La terapia ayuda a modificar las historias negativas que nos contamos para vivir mejor.
IFS, en cambio, entiende que nuestra mente está formada por muchas subpersonalidades o partes internas. Cuando decimos «una parte de mí podría” “pero otra parte de mí no puede», realmente son partes internas la que están expresando sus miedos. El terapeuta de IFS ayuda a identificar cuál parte está hablando y a establecer una relación de comprensión y compasión con cada una de ellas.
En lugar de debatir si es cierto que “nadie me quiere”, como haría CBT, IFS preguntaría qué parte se siente así y desde cuándo, buscando acompañar su experiencia y no sólo cuestionarla racionalmente.
¿Qué hacemos con los pensamientos negativos?
En CBT se busca reemplazar directamente los pensamientos negativos con pensamientos más saludables, como si quitáramos una piedra del camino para seguir adelante. Este método es práctico, directo y generalmente rápido.
IFS, en cambio, ve esos pensamientos negativos como protectores que alguna vez tuvieron una función importante: defendernos del dolor emocional. Aquí, la invitación no es eliminarlos directamente, sino establecer un diálogo amoroso con esas partes internas, entender sus intenciones, a veces implica soltar creencias o aprender algo que esa parte no sabía, e incluso sanar lo que intentan proteger.
¿Qué preguntas hace cada modelo?
Una diferencia interesante entre CBT e IFS está en las preguntas que hacen los terapeutas.
- CBT busca detectar el patrón de pensamiento:
“¿Qué estabas pensando cuando ocurrió esto?”
“¿Qué evidencia hay de que eso sea cierto?” - IFS busca conectar con las partes que están activas:
“¿Qué parte de ti decidió hacer eso?”
“¿Qué quiere esta parte que sepas sobre lo que siente?”
En CBT, el objetivo es cambiar el pensamiento.
En IFS, es comprender quién lo sostiene, por qué, y cómo ayudarlo desde el Self.
El papel del terapeuta
En CBT, el terapeuta es instructor y guía. Proporciona herramientas claras y enseña cómo usarlas, centrándose especialmente en el presente y en la solución de problemas.
En IFS, el terapeuta es más un facilitador del encuentro interno. Ayuda a que la persona pueda conectar con su Self, que es el núcleo sabio, compasivo y amoroso capaz de sanar heridas pasadas e integrar todas las partes internas.
A diferencia de las partes, el Self no actúa por miedo ni necesidad. Observa, comprende y acompaña. Es el agente de sanación natural dentro de cada persona.
¿Se complementan o compiten?
Ambas terapias pueden coexistir y complementarse según las necesidades particulares. Por ejemplo, CBT podría ser útil para adquirir herramientas prácticas rápidamente, mientras que IFS podría profundizar más en el autoconocimiento y la integración emocional.
Similitudes importantes: el rastreo de la experiencia
Aunque trabajan desde paradigmas distintos, ambos enfoques coinciden en algo fundamental: invitan a rastrear la experiencia interna de quien consulta. En CBT se lo llama “análisis conductual”; en IFS, es una exploración del sistema interno. Pero ambos modelos proponen preguntas que ayudan a identificar qué se siente, qué se piensa y qué se hace, con el fin de generar mayor claridad y transformación.
¿Cuál elegir?
Si buscas soluciones rápidas y concretas para problemas específicos, CBT podría ser una buena opción. Pero si lo que deseas es profundizar en la comprensión de tu mundo interno, sanar heridas emocionales profundas y relacionarte con amabilidad contigo mismo, IFS podría resonar más contigo.
Lo importante es comprender que no existe una terapia «mejor» universalmente. Cada persona es única, y la elección del enfoque terapéutico debe reflejar tu estilo personal, necesidades emocionales y objetivos específicos en este momento de tu vida.
Al final, ambas terapias buscan que vivas más libre, más pleno y en paz contigo mismo.
¿Te animas a explorar tu mundo interior con alguno de estos métodos?